viernes, 29 de mayo de 2009
Knorr Suiza
Posted by enroiv at 20:25 5 comments
Caricaturas
Entonces mi papá compró una antena. No sé bien a bien la razón (maldita sea, y soy ingeniero) por la cual con ese tipo particular de antena no se veía el canal 5, pero sí se veía el 9 de veracruz (que se llamaba "Telever"), en el cual para beneplácito mío, también había algunas caricaturas, como los halcones galácticos, los tigres del mar y los gummies (creo que así se llamaban, era una en donde salían unos changuitos que decían "remen, remen, remen"). Para esa época en el 13 ya salían los transformers, los verdaderos cazafantasmas, los diniplatívolos, las ranas del barrio y el agente karate. También por aquella época, las susodichas antenitas por alguna razón dejaron de sintonizar Telever y en su lugar sintonizaban otro canal 9, que se transmitía desde Tabasco. Afortunadamente la programación era prácticamente la misma, excepto por la adición del insufriblemente insufrible mago Chontal (Chong-Tall en realidad).
¿Y a qué viene todo esto? Pues bueno, como siempre sucede, la tecnología me llega tarde, o yo llego tarde a la tecnología. Hace algunos días mientras andaba de aburrido viendo videos en YouTube, se me ocurrió buscar a los dinoplatívolos. Me la pasé horas enteras recordando mi infancia. Creo que vi todas mis caricaturas favoritas, incluso las que ya se me había olvidado que existían, como los gatos samurai, la abeja Maja (Maya), José Miel y una larga lista de etcéteras.
Qué maravilla.
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Back in the saddle again
Lo más chistoso son los vecinos, los que me conocieron a los dieciséis, los que me miraban como a un niño latoso al que a veces le daba por hacer fiestas hasta altas horas de la madrugada, y ponerse a cantar como un becerro herido. Ahora me saludan muy serios, como si me dijeran "Buenos días, señor del 310". Qué chistoso.
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Juan de Dios
Exactamente a las cinco en punto, el silencio de la madrugada fue herido por el repiqueteo de la alarma de un reloj despertador depositado sobre un cubo de agua colocado al revés sobre el suelo de tierra apisonada de la alcoba de Juan de Dios. Era un Lunes de muchos primeros: primer día del mes de Junio, primer día de trabajo del primer trabajo de Juan de Dios. Pero sobre todo, era la primera ocasión en que supo que ahora era un hombre. El viernes anterior, mientras conversaba con Alma, ésta le comunicó lo que ya desde hacía un par de semanas venían temiendo. En un principio no supo qué decir. Mil pensamientos inundaron su mente, dejándolo helado, como suspendido en el tiempo, hasta que finalmente decidió hacer lo único que un hombre honorable en su situación podía hacer. Se despidió de ella con un beso en su amplia frente y le prometió que todo iría bien.
Pensó por un momento en tomar un baño, pero decidió que sería mejor hacerlo hasta la noche, justo antes de dormir. Seguramente le esperaba una dura jornada. Se vistió entonces rápidamente con aquel overall prestado, que en algún momento fue de un naranja brillante, pero que ahora lucía desgastado en algunos lugares y manchado de grasa, óxido y cemento en algunos otros. Justo antes de salir se miró en el espejo por última vez. Parecía un niño desgarbado rumbo a su primer día de escuela. Aún tuvo tiempo para dedicarse a sí mismo una sonrisa antes de salir de su cuarto, en silencio, para no despertar a su hermano Juan de Jesús, "la chucha", y a su esposa, que aún dormían. Ambos trabajaban en el departamento de intendencia en una oficina gubernamental que abría sus puertas hasta las diez. Era una lástima que no hubieran podido ayudarle a encontrar una plaza ahí mismo. Pero ya le habían ayudado bastante durante toda su vida, y sobre todo durante el fin de semana pasado. Fue precisamente la chucha quien lo recomendó con el cabo de obras en el muelle, un viejo amigo suyo de la primaria.
Hasta ese día, Juan de Dios nunca había sabido lo difícil que es ganarse la vida como un hombre, y es que hasta el pasado viernes no lo había sido ¿Cómo iba a serlo si apenas hasta la mañana del viernes había sido un estudiante de preparatoria? Pero ahora había cosas más urgentes. Era apenas medio día y ya había ayudado a echar abajo un par de bodegas, armado con un gran marro que al principio apenas y podía manejar, pero cuyos secretos con el paso de las horas había logrado dominar; limpiado los escombros, y apisonado un par de metros cuadrados de terreno con ayuda de una singular máquina que los otros trabajadores conocían como "la bailarina" por la manera en que había que colocar los brazos para sostenerla, pero sobre todo porque parecía dar de saltos mientras funcionaba.
La hora de la comida fue amena y agradable. Juan de Dios conoció la costumbre que tenía el grupo de trabajadores de juntarse alrededor de una gran mesa improvisada en medio del sitio de la obra con algunos tablones viejos colocados sobre una plataforma de tubos de vapor de manera que la comida permanecía siempre tibia, y colocar todos los alimentos al centro, como un bufette del cual todos podían tomar lo que quisieran. Ese día comió un poco de chicharrón en salsa verde, cortesía de un tal José, algo de hígado con cebollas y chiles, un taco de arroz con huevo cocido, un trozo de coliflor capeada, y por supuesto, poco más de la mitad de la carne molida con papas y zanahorias que Ana, su cuñada, la esposa de la chucha le había preparado. Hasta le quedó espacio para tomar un par de las uvas que había llevado don Rafa, que es como todos llamaban al cabo de obras.
Regresó a trabajar con el estómago aún lleno, sintiendo una gran pesadez y somnolencia -es que cuarenta minutos no eran suficientes para comer-, y comenzó a cargar costales de cemento hacia la bodega. Eran veinte costales, cada uno de cincuenta kilogramos, una labor titánica para ser realizada en el primer día de trabajo. Apenas había transportado el primero cuando comenzó a sentir en el estómago los primeros signos de que debería haber esperado más tiempo antes de continuar con el trabajo. Miró a su alrededor en busca de alguien más que mostrara signos de malestar. Nadie. Todos parecían como un enjambre de abejas, dedicados plenamente a sus duras labores, transportando grava y gravilla en pesados cubos, rompiendo concreto, recogiendo escombros, apisonando. Resignado, Juan de Dios tomó otro costal y lo llevó a la bodega. Apenas alcanzó a colocarlo sobre el anterior cuando su cuerpo decidió que había sido suficiente y se arqueó violentamente para expulsar el vómito.
Y estando arqueado, doblado sobre sí mismo, expulsando violentamente los alimentos casi enteros, pues su cuerpo no había tenido tiempo de disolverlos lo suficiente como para salir sin causarle daño, Juan de Dios sintió el duro impacto de una bota en su abdomen. Instintivamente trató de aspirar, pero esto sólo desvió el vómito desde su boca hacia sus pulmones, asfixiándolo. Trató de gritar, de pedir ayuda, cayendo finalmente en las tinieblas a los pies de Juan de Dios, el otro, que lo miraba con una sonrisa en su rostro.
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jueves, 28 de mayo de 2009
Juan de Dios
Nunca se sabe, no se puede saber de antemano, con quién nos vamos a topar, quién llegará a hacer nuestra vida miserable, quién nos dará las más grandes alegrías, las más profundas tristezas; quién nos pasará de largo sin dejar huella, quién marcará nuestra vida, ni en qué forma; pero Juan de Dios no sentía ganas de hacer nada de lo anterior, tan sólo quería caminar, levantar un pie, balancear el cuerpo, apoyar el pie en el suelo nuevamente y levantar el otro. Quería repetir hasta el infinito esta sencilla operación, perderse en la niebla, ser una sombra informe, inmaterial y finalmente invisible.
A poco de salir de la ciudad, en la azotea de una pequeña casa de una planta, un niño de unos seis años lloraba en voz baja, como para sí, mientras en su mano derecha sostenía un pequeño balón de hule y sus ojitos húmedos y nerviosos escudriñaban hacia el suelo, tratando sin éxito de encontrar un lugar por donde poder bajar. ¡Qué hermosos son los niños! Sólo un niño podría tener la infinita inocencia para, al mirar el rostro de Juan de Dios, sus ropas raídas y su cabello sucio y largo, pensar en él como un salvador, llamarlo, decir "Señor, me ayuda a bajar por favor", y confiar en él cuando extendió sus brazos hacia arriba, invitándolo a saltar, asegurándole que lo atraparía entre sus manos y con delicadeza lo bajaría hasta el suelo. ¿Quién querría estar entre esas manos?
Pero ese día era distinto, y Juan de Dios lo sabía. Con sus brazos levantados hacia el cielo, como dando gracias por la belleza de mundo, por la inocencia que aún existía, por la felicidad inexplicable que en ese momento sentía, clavó bien sus pies en la dura tierra salpicada de grandes piedras, redondas y lisas como canicas. Durante unas pocas centésimas, o acaso tal vez unas pocas milésimas de segundo, Juan de Dios pudo asomarse al cielo, pudo ver lo que tal vez nunca volvería a ver en esta vida o en la otra, si es que tal cosa existía. Sobre su cabeza un pequeño ángel de cabellos rizados volaba por los aires justo hacia donde estaba él. Detrás del ángel el cielo resplandeció con todos los colores del arco iris, el sol se detuvo para contemplar su vuelo, el viento cesó de soplar, el mundo entero se detuvo para acompañar al ángel en su recorrido hacia los brazos de Juan de Dios, que, absorto como estaba, no pudo cerrar los brazos a tiempo. El pequeño niño se escurrió entre sus manos como un pez, como un chorro de agua se va entre los dedos, y fue a dar con la cabeza sobre una gran roca en el suelo. Un par de metros detrás de Juan de Dios, la madre del niño, que volvía deprisa del mercado, observaba la escena convertida ella misma en una estatua de sal.
Juan de Dios levantó al pequeño rápidamente y lo tomó entre sus brazos, entre esos torpes brazos que nada pudieron hacer para protegerlo. Pero no eran ellos los culpables, era esa maldita piedra lisa. La tomó con su mano derecha y en un arranque de furia giró todo su cuerpo y la arrojó con fuerza tras de sí, inadvertidamente hacia el rostro de aquella mujer que se hallaba de pie detrás de él. Cayó sin hacer ruido, como caería una pluma, liviana, casi incorpórea. Las nubes comenzaban a ponerse grises poco a poco y Juan de Dios pensó que tal vez ese día era sólo un día normal, un día como cualquier otro.
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viernes, 22 de mayo de 2009
Para ti no hay
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jueves, 14 de mayo de 2009
El momento más hermoso de mi vida
Pero entonces, fiel a su costumbre, Juno llenó de significado un acontecimiento insignificante. Miró mi herida con sus grandes ojos negros, abriéndolos aún más y me preguntó si me había salido sangre. Le contesté que sí y sus ojitos se llenaron de lágrimas. "Te salió sangre, papi. Te vas a morir. Te va a salir sangre y te vas a morir. Yo no quiero que te mueras. Te quiero. Te amo".
Entonces lo tomé entre mis brazos y lo cubrí de besos. Le hice una promesa. Esa noche le prometí a Juno que yo no me voy a morir nunca.
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Inmortal
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martes, 12 de mayo de 2009
A veces pasa
Como usualmente pasaba, esa noche Amado fue a casa de Alberto armado con un six pack de Coronas, una garrafa de galón de Moyahue y un par de Frescas guardadas en la mochila. La semana había sido larga en la empacadora de carnes frías, pero al fin era viernes, el día bonito, el día más feliz de la semana. Y además no era cualquier viernes, era viernes de quincena. Y de entre los viernes de quincena, era viernes de box. Alberto le había telefoneado hacía un par de horas, “Mamado, si tienes planes mejor cancélalos de una vez, acabo de contratar la pelea en pago por evento. Traite las chelas”. Por supuesto, los planes de Amado sólo consistían en mirar pornografía en su ropa interior, rascándose los huevos de vez en cuando, por lo que el cambio de planes le venía bien.
Como frecuentemente sucedía, Amado pensó en el mejor pretexto para evitar ver a su amada a la mañana siguiente, anticipando la feroz resaca que seguramente vendría tras lo que a todas luces iba a ser una larga noche. Por supuesto, no pudo pensar en nada mejor que decirle que esa noche le había tocado trabajar el turno de ocho a tres de la mañana, esperanzado en que Alberto no hubiera invitado al flaco Gómez, o que por lo menos a éste no se le ocurriera llevar a su cada vez más omnipresente novia, que además trabajaba en la misma oficina que Ada. Es que ese tipo no sabía lo que significaba una noche masculina.
Como siempre ocurría, al oir el timbre de la puerta Alberto se negó a abrir hasta que Amado le dio la contraseña de entrada, que en esta ocasión era “Huevos con ejote”. Esta costumbre chocaba a Amado más que a cualquier otro de los amigos de Alberto, y todos lo sabían, así que cuando entró, fue recibido con un coro de risas y palmadas en la nuca que lo acompañaron desde el marco de la puerta hasta que finalmente se acomodó en uno de los mullidos sofás que había frente al televisor, exactamente al lado del flaco Gómez y su novia, quien le dedicó una sonrisa maliciosa mientras le enviaba sus más afectuosos saludos a Ada.
Como comúnmente acontecía, la pelea fue breve y brutal. Todo se decidió con un contundente Knockout al minuto y medio del tercero de doce rounds. Un furioso gancho al hígado mandó al retador directo a la lona, de donde ya no se volvió a levantar jamás. En uno de los extremos de la pantalla de cuarenta y dos pulgadas se podía ver a un hombre con el rostro desencajado saboreando un triunfo amargo mientras en el otro sólo quedaba un vacío en donde antes había estado un hombre, que en ese momento era sacado precipitadamente de la arena. Esto por supuesto no fue observado por Amado, ni por Alberto, ni por ninguno de los otros invitados. Ciertamente no fue observado por el flaco Gómez, quien para ese momento ya había sido mandado a la lona por media docena de tragos de mezcal mientras su novia bailaba encima de la mesa de centro, desviando la atención de la pantalla hacia su movimiento de caderas.
Como nunca acaecía, Amado bebió y bebió sin que el alcohol produjera apenas algún efecto sobre él. Tal vez habría sido el medio kilo de slachichas que se comió en la empacadora, tomandolas furtivamente cuando el inspector daba la espalda. Uno a uno los invitados se fueron excusando y marchando a casa o bien, fueron cayendo como moscas sobre la alfombra de la sala. Todos menos la novia del flaco Gómez, a quien su incesante baile había mantenido lo suficientemente sobria como para aún hallarse despierta y en pie, pero no como para que su vanidad no se hubiera visto afectada sobremanera por la atención recibida durante toda la noche. Pronto sus piernas se cruzaron tras la cintura de Amado. El acto en sí fue torpe debido al estado de extrema intoxicación en el que ambos se hallaban, pero lo memorable, a ojos de Amado es que usaron al propio flaco Gómez como colchón. Cuando todo hubo terminado, las huellas de la batalla quedaron sobre la parte frontal del pantalón del flaco, en el área que va desde las ingles hasta la cremallera. Cuando, a la mañana siguiente, todos hubieron despertado y advertido las manchas obscuras en el pantalón del flaco Gómez, éste se excusó avergonzado. “A veces pasa”, dijo consternado.
Posted by enroiv at 11:34 0 comments
jueves, 7 de mayo de 2009
C'est pas fini
Desidia, depresión, falta de tiempo, falta de compromiso, franca estupidez, qué sé yo. Lo único que sé es que últimamente me da por empezar un montón de cosas y no terminar ninguna. La lista de trabajos inconclusos es la siguiente:
Canción de Traxxpad - Agregar letra (es que últimamente no tengo nada importante que decir) y terminar los arreglos.
Cuento "Si tan sólo" - Ya tengo la idea de cómo es que va a terminar y cómo escribirlo. Sencillamente no he logrado sentarme frente a la compu y terminarlo de una vez por todas.
Propuesta de proyecto interfaz SOA GBS para Banamex - Conceptualmente sé qué es lo que quiero lograr, incluso sé cómo lograrlo a grandes rasgos pero sencillamente no lo he iniciado. Siempre sale algo más urgente. El problema con esto es que por su propia naturaleza, sólo puedo hacerlo en la oficina.
Mientras más pienso en esta pequeña lista, más me desanimo. Mientras más me desanimo, menos acabo. Mientras menos acabo, más pienso en esta lista.
Posted by enroiv at 16:16 1 comments
Vaya con la influenza
Apenas hace dos días estábamos sumidos en medio de una feroz pandemia que amenzaba con acabar con la humanidad. Todos salían a la calle con sus cubre bocas cubriéndoles las bocas, temerosos del incauto al que se le escapara un estornudo. No se qué pueda haber cambiado en estos dos días, pero ahora ya estamos de nuevo en el trabajo, los restaurantes han abierto sus puertas una vez más, los cines y establecimientos comerciales reciben a los largamente anhelados clientes y todo parece haber vuelto a la normalidad. La gente destapa su boca nuevamente. Tal vez sería mejor si la conserváramos tapada.
Supongo que el virus se fue a tomar unas merecidas vacaciones, si no, cuál es la diferencia entre hoy y anteayer? Yo ya no sé nada. El aftermath de todo esto, desde mi muy particular, egoista y desinformado punto de vista, es que pude pasar unos cuantos días con mi familia, lo cual, como ya he mencionado anteriormente, siempre se agradece. Ahora qué sigue? Otra vez el trabajo y el estrés de siempre. Hasta la próxima pandemia, si es que no me toca tener una mejor historia que contar, o que alguien más pueda contar acerca de mí.
Posted by enroiv at 14:19 0 comments
A la madre
En este mes de las madrecitas estaba recordando una vieja canción
de Gloria Trevi. Me acuerdo que se la cantaba a mi mamá :)
Madres, les canto toda esta canción
canto esta canción a toda Madre!
Vales todo el oro del mundo
todo el oro del mundo vales Madre!
Me pongo en ti mi amor;
mi amor yo pongo en la Madre!
Es poca la dicha que te doy;
la dicha que te doy es poca Madre!
Es poca Madre!
todo el mundo me hace recordarte
me mandan siempre a saludarte,
por eso hoy canto a la Madre!
te menciono a cada frase,
que haría yo sin esta Madre?
por eso hoy canto a la Madre!
Madre, eres pura como el agua,
como el agua eres pura Madre!
Te doy todo lo que soy;
pues lo que tú me diste es una Madre!
Quiero, que me des un beso;
yo quiero que un beso me des Madre!
No tengo más que decir;
más que decir; no tengo Madre!
No tengo Madre!
todo el mundo me hace recordarte
me mandan siempre a saludarte,
por eso hoy canto a la Madre!
te menciono a cada frase,
que haría yo sin esta Madre?
por eso hoy canto a la Madre!
Las madres me enseñaron en la
escuela...
en la escuela me enseñaron puras
Madres...
que la Madre da la vida en el parto...
que da la vida en el parto la Madre...
Posted by enroiv at 14:13 1 comments
