No puede ser... A mis casi casi treinta años sigo viendo programas para niños. Al menos ahora tengo la excusa de mis hijos, no como cuando me hice fan de Bob Esponja, a los 23 años, a punto de terminar la universidad. Estuvo chistoso porque por aquellas épocas andaba yo muy desvelado y me acostaba casi a las tres de la mañana diario. Entonces una noche puse la tele en Nickelodeon, como a eso de la una o dos de la mañana y estaba saliendo un monigote que más bien parecía una Scotch Brite que una esponja marina, claro que sé que eso es intencional, y que además parecía padecer un retraso mental de moderado a mediano, amigo de una estrella de mar rosada que a su vez padecía un retraso mental grave. Como a los cinco minutos ya era fan (al contrario de lo que sucedió la primera vez que vi la academia: a los cinco minutos la detesté y pensé para mí mismo qué clase de personas podrían ver tamaña basura. Curiosamente resultó que la clase de personas que veían esa basura eran mi mamá, mis hermanas, mis tías, primas, alguno que otro primo y vecinos. Amigos no, afortunadamente, porque entonces sí me habría pegado un tiro) y comcncé a verlo todos los días, a las dos de la mañana. Tardé algo así como medio año en darme cuenta de que también salía en el cinco a las seis de la tarde, pero por alguna razón prefería verlo en las madrugadas, no sé, como que la noche tiene un no sé qué que qué sé yo que la hace mejor que el día para realizar ciertas actividadaes. Por aquellas épocas comencé a ver las sombrías aventuras de Billy y Mandy (si no de dónde se piensan que saqué el nombre de mi hija) y también me hice fan. Lo malo es que no es ni remotamente tan famosa como Bob Esponja, así que se me hizo cada vez más y más difícil seguir viéndola, lo cual me pone muy triste, debo admitir. Recuerdo una vez, trabajando en la tesis junto con Konan, como a las seis de la tarde dije "pues bueno, hora de tomar un descanso", encendí la tele y me puse a ver a Billy y Mandy, para gran sorpresa de Konan, que se la pasó criticándome durante media hora. Casi me arruina el show. Bueno en realidad no, pero se me hizo chistoso que a alguien pudiera parecerle tan extraño que un adulto vea caricaturas. No sé, tal vez me resisto a crecer. Tal vez me pasa un poco como a los monstruos del rock (Jagger, Tyler, Iggy Pop y demás rucos) que a sus más de sesenta años aún andan pegando de brincos y poniéndose como cola de perro. Tal vez los gustos no tienen que cambiar con la edad. Pero no sé, tal vez sí. Ahí les platico dentro de otros veintinueve años, a ver cómo me va.
Y todo esto viene a cuenta de que me acabo de comprar un adaptador usb para redes inalámbricas, así que nuevamente me encuentro online, y sin tener que lidiar con el proxy de Banamex, que me bloqueaba todo. Obviamente, estando en la oficina no se puede andar uno metiendo en donde se le de la gana, pero por lo menos a la hora de la comida sí me puse a ver algunas cosillas en YouTube. Es curioso, comencé viendo la pelea de Pacquiao contra De la Hoya y de alguna manera, siguiendo video tras video acabé viendo la versión australiana de HI5, que me llevó a la versión gringa de HI5, que me llevó a Pinky Dinky Doo (me encanta Pinky Dinky Doo), que finalmente me llevó a Barney en portugués. Y me la pasé divertido como un enano. Dan ganas de tener cinco años para poder ver estas cosas sin sentir culpa. A lo mejor cuando cumpla los setenta se verá más correcto.
Y todo esto viene a cuenta de que me acabo de comprar un adaptador usb para redes inalámbricas, así que nuevamente me encuentro online, y sin tener que lidiar con el proxy de Banamex, que me bloqueaba todo. Obviamente, estando en la oficina no se puede andar uno metiendo en donde se le de la gana, pero por lo menos a la hora de la comida sí me puse a ver algunas cosillas en YouTube. Es curioso, comencé viendo la pelea de Pacquiao contra De la Hoya y de alguna manera, siguiendo video tras video acabé viendo la versión australiana de HI5, que me llevó a la versión gringa de HI5, que me llevó a Pinky Dinky Doo (me encanta Pinky Dinky Doo), que finalmente me llevó a Barney en portugués. Y me la pasé divertido como un enano. Dan ganas de tener cinco años para poder ver estas cosas sin sentir culpa. A lo mejor cuando cumpla los setenta se verá más correcto.

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