Este fin de semana fue agotador, lleno de pequeñas cosas que a fin de cuentas componen el día a día de lo que termina por ser la vida del padre de familia. Nada espectacular, nada extraordinario. Sábado de despensa en Sam's y Wal-Mart, una vaca bailando alegremente en la sección de lácteos, algunas señoras concursando en ameno concurso de baile para ganar un globo que supuestamente era el carrito de la película de "Cars", pero que más bien parecía un carrito de golf mal hecho. Noche de jugar al handyman, ahora sí con éxito... que dicen que la tercera es la vencida, muy bien.
Domingo comprando zapatos para la Bois Constrictor, porque sus chanclitas están muy monas pero no funcionan para andar caminando bajo la lluvia: el agua se mete entre los dedos de los pies y los pone arrugaditos, como un par de uvas pasas, de las verdes, sin semilla. Una comida en la pink zone en un lugar de carnes asadas, muy buenas por cierto, pero que no dan facturas los muy jijos de su evasión fiscal, culminando con simpático vago bien vestido, aceptablemente aseado pero que terminó por gorrearme lo que nos había quedado de la comida, que yo pensaba empujarme en la noche. "Tengo mucha hambre, carnalito". Pues bueno, provecho. Terminé por echarme una torta de milanesa con quesillo (por qué razón le diran "quesillo" al queso Oaxaca es algo que se escapa a mi entendimiento, pero donde fueres, haz lo que vieres. Quesillo entonces), con poco chile. Una llamada por teléfono a mi mamá. Noticias de la familia, directo desde Cancún, Puebla y, por supuesto, Las Choapitas. Finalmente le platiqué a mi Boa acerca de la solución contra el aborto que se me acaba de ocurrir. No la menciono para no ser crucificado, aunque pienso que es una buena idea.
Para cerrar con broche de oro, una madrugada con una Mandy inquieta que tuvo a bien despertar alrededor de seis veces (nueva marca personal) en una sola noche. Ahorita me siento como uno de esos zombies de la película de Shawn of the dead, no la original, la parodia por supuesto. Lo bueno es que seguimos en el DRP, así que la chamba seguirá leve por esta semana. La próxima se pondrá interesante.
Domingo comprando zapatos para la Bois Constrictor, porque sus chanclitas están muy monas pero no funcionan para andar caminando bajo la lluvia: el agua se mete entre los dedos de los pies y los pone arrugaditos, como un par de uvas pasas, de las verdes, sin semilla. Una comida en la pink zone en un lugar de carnes asadas, muy buenas por cierto, pero que no dan facturas los muy jijos de su evasión fiscal, culminando con simpático vago bien vestido, aceptablemente aseado pero que terminó por gorrearme lo que nos había quedado de la comida, que yo pensaba empujarme en la noche. "Tengo mucha hambre, carnalito". Pues bueno, provecho. Terminé por echarme una torta de milanesa con quesillo (por qué razón le diran "quesillo" al queso Oaxaca es algo que se escapa a mi entendimiento, pero donde fueres, haz lo que vieres. Quesillo entonces), con poco chile. Una llamada por teléfono a mi mamá. Noticias de la familia, directo desde Cancún, Puebla y, por supuesto, Las Choapitas. Finalmente le platiqué a mi Boa acerca de la solución contra el aborto que se me acaba de ocurrir. No la menciono para no ser crucificado, aunque pienso que es una buena idea.
Para cerrar con broche de oro, una madrugada con una Mandy inquieta que tuvo a bien despertar alrededor de seis veces (nueva marca personal) en una sola noche. Ahorita me siento como uno de esos zombies de la película de Shawn of the dead, no la original, la parodia por supuesto. Lo bueno es que seguimos en el DRP, así que la chamba seguirá leve por esta semana. La próxima se pondrá interesante.

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