jueves, 17 de septiembre de 2009

Enojado

Ya sé, ya sé, en este negocio trabajar sábados y domingos es lo más normal del mundo, las horas extras son sólo un mito urbano o un cuento de hadas en el que únicamente los más chavitos creen, las salidas a las tres de la mañana están a la orden del día, etc., etc., etc.

Pero de todos modos me fastidia tener que trabajar el fin de semana, así que me declaro en huelga, y este videín es mi estandarte. A partir de este momento y hasta la próxima semana no voy a hacer absolutamente nada más que ver en qué pierdo el tiempo. Lo bueno es que como me instalé el LMMS en mi estación de trabajo, eso de perder el tiempo se me da rete chulo. Tengo todavía el problema de que como no sé un bledo de composición musical ni de armonías y en lo que respecta a la teoría musical me declaro un reverendo y completo ignorante, pues sólo pude hacer un cachito. Si me vuelvo a poner en huelga a lo mejor encuentre el tiempo y las ganas de ver si lo puedo terminar, a lo mejor juntándolo con los otros cachitos que tengo dando tumbos por todo el disco duro o hasta me dedico a terminarlo expresamente a él. Lo más probable es que ni lo uno ni lo otro. Conste que si un día llego a hacer algo interesante con estas cosas, este fue el primero.

Y lo de poner mis fotos es porque hay que echarse porras uno solo, que si no quién lo hace (bueno, mi esposa, pero como ya lo he dicho muchas veces, estoy casi casi convencido de que cuando ella me ve, en realidad ve otra cosa, algo así como en la película de Shallow Hal, en la que Jack Black veía a una gordita como si fuera Gwyneth Paltrow (paréntesis dentro del paréntesis: La verdad es que mi muy particular opinión es que la Gwyneth está más bien gacha) ).

Sin más ni más, mi espectrito de ultratumba Junior.

Ángel Kappa, tu mamá y Frank Zappa

Hace algún tiempo que mi obsesión del momento se llama Frank Zappa. He venido escuchando algunas de sus canciones y en realidad se me hacen total y absolutamente maravillosas, con una mezcla que hoy en día es extremadamente difícil de encontrar: humor y música extraordinaria. Extraordinariamente concebida, extraordinariamente ejecutada, extraordinariamente creativa, en fin, extraordinaria y punto. Y no me refiero a la irreverencia de secundaria de La cuca (aunque bueno, a los trece años los disfruté enormemente e incluso hasta el día de hoy la nostalgia tiene esa propiedad de hacerme desprenderme de todos mis prejuicios en cuanto a la música) o a la franca estupidez de la que hace gala Molotov, lo de Zappa es algo que a leguas se nota mucho más pensado. Y de la música ni hablar, creo que basta con mencionar a algunos de sus alumnos como Terry Bozzio, Vinnie Colaiuta o Steve Vai para hacernos una idea de las ligas en las que se movía Zappa. Leyendo una entrevista con Colaiuta es evidente su liderazgo y su visión de la música, mismos que trataba de inculcar en sus músicos, a veces retándolos, escribiendo piezas tan extraordinariamente complejas que los hacían llegar a pensar si su finalidad era sólo la de ver hasta qué punto podían llegar, hasta dónde se dibujaba la línea a partir de la cual tendrían que decir "basta, esto es imposible". Qué difícil es tomar mi guitarra y tratar de rascarla después de haber escuchado a Zappa: no suena igual. A veces es hasta deprimente pero pues cuando eso sucede basta escuchar "Titties and beer" para sonreir un poco :)

martes, 8 de septiembre de 2009

Las flores de Mayo poco a poco cederán a las patas de gallo y nos buscaremos con los ojos por si queda algo

Ayer fue 7 de Septiembre, que es mi canción favorita de Mecano. Tenía ganas de escribir algo el 7 de Septiembre porque se me hace un buen día para escribir algo. Desafortunadamente he estado tan pero tan pero tan cargado de trabajo que ayer no me dio tiempo ni siquiera de salir a comer, mucho menos de escribir en este, mi pequeño y olvidado tiradero de pensamientos. Lo más cercano que pude hacer, a falta de un post el 7 de Septiembre, es un post el 8 de Septiembre, the next best thing, diría algún angloparlante a propósito del momento en que finalmente mando al haber gatos no hay ratones a todos los personajes -nefastos algunos, nefastísimos otros- de la oficina. Y lo hago en el momento en el que la frase más memorable de la canción en cuestión se niega a abandonar mis pensamientos, tocando insistentemente en mi nuca mientras preparo las piezas que se van a liberar al ambiente productivo, mientras me peleo con el manejador de transacciones de GBS, que no me quería dejar escribir algunos registros en IFER (al final de cuentas, me la Pérez Prado, con todo y Mambo #8), mientras tengo al teléfono al usuario de Argentina y en la otra línea a mi jefe, que quiere que les de un pequeño curso de Virtual Change a algunos chavales de por acá; alimentando la fascinación que tengo últimamente por el tema de la edad y la apariencia física, fascinación que va más allá de la cuarentona que quisiera recuperar la belleza de un par de décadas atrás. Lo que me trae como loco es ese no se qué que nos indica casi sin lugar a dudas la edad de una persona. Hace un par de días veía algunas fotos de cuando me casé con mi Boa, de cuando nació Juno, incluso de un par de años antes, cuando andaba saliendo de la universidad, el examen profesional de Herr Huevá, mi propio examen profesional... todo parece tan irreal. Sé que el que aparece en las fotos soy yo, pero al mismo tiempo no soy yo, me veo tan distinto, y no creo que sea sólo por las ojeras o la panza que ya casi me llega a las rodillas y se niega a detener su crecimiento. Tampoco las entradas que ya casi se convierten en salidas.

En fin, creo que seguiré analizando las caras de las personas con las que me encuentro hasta averiguar qué es eso que va cambiando de manera sutil pero inconfundible o hasta que alguien se enoje y me la arme de tos, lo que suceda primero.