Siempre he pensado que eso de andar todo el día en la oficina es una verdadera calamidad: aparte de las interminables pruebas con usuarios que parece que no terminan por entender qué es lo que desean de sus aplicativos, los dolores en la parte baja de la espalda por estar más de diez horas sentado en la misma posición, el entumecimiento en los glúteos (se me durmió el culo, dicen los profanos), las miradas airadas del gerente de proyectos y demás viscisitudes del mundo de 9 a 7, que en mi caso es algo así como de 10:30 a (21:00, 22:00, 23:00, 0:00, 1:00, 2:00, 3:00, 4:00, 5:00] -nótese el intervalo abierto a las 9 de la noche y cerrado a las cinco de la madrugada-, se agregan las maratónicas conferencias telefónicas que me dejan con la oreja roja, caliente y palpitante y un ligero zumbido en el oído. El colmo fue hace unos días, cuando el litro y medio de agua con clight de jamaica pugnaba por salir de mi mientras atendía a una conferencia de avances del proyecto. No me dejaban salir bajo ningún pretexto. "Enrique, ¿Cuál debería ser la estrategia de las pruebas? ¿Cómo aseguramos que los canales de entrega estén habilitados oportunamente?" Pues yo que sé... en este momento apenas y puedo concentrar todo mi poder mental en la vejiga. "Aguante, vejiguita que esto está por acabarse pronto" Y claro, pues no se acaba y no se acaba y no se acaba. Cuando el poder mental comenzó a flaquear hubo que recurrir a la vieja técnica de apretar la uretra. Qué sensación tan extraña es esa de que el agüita amarilla recorra casi todo el camino, pero sin llegar a salir, apenas contenida por el índice y el pulgar, ocultos de miradas curiosas por el vuelo del suéter. Y en cuanto la conferencia acaba, córrele al baño, discretamente para que nadie se de cuenta que te estás apretando el pito. Caminando un poco como geisha y un poco como patito, estrangulando al compañero de juergas como si se tratara de Eloy Gamenó. Casi imaginándolo decir "Me horcó, óigame". Pásale sin saludar al poli de la entrada, que al cabo no va a acabarse el mundo por un guardia de seguridad ofendido. Ya frente al mingitorio, el problema de logística por excelencia: ¿Cómo lo saco sin dejar de apretar? Bueno, si alguien allá afuera lo ha resuelto, por favor dígamelo, porque lo que es yo, no pude. Lo bueno que, para variar, ese día sí había servi-toallas en el baño de hombres.
Italia
Hace 15 años


3 comments:
hahahahahahaha LMFAO sorry...but my god that had to suck.....love you
jajajajaja.... imaginate ahora lo que sufrimos las mujeres... con nosotras no hay ni como hacerle...jajajaj
No había pensado en eso... supongo que es una razón más para estar feliz de ser hombre :)
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