martes, 31 de marzo de 2009

Demostraciones prácticas de la física moderna - Rasgado de la estructura del espacio-tiempo



Al mirar por la ventana del décimo piso del edificio con el número 75 de la calle de bosques de duraznos, me di cuenta con gran emoción que el cielo comenzaba a tomar una tonalidad azul-violeta (y ni hablar de aquella banda que a mediados de los noventa nos deleitó con algunas grandes canciones). Miré mi reloj. Faltaba poco para las 19:30, hora en que normalmente salgo de la oficina. Apagué mi máquina, recogí mis cosas con calma, y me dispuse a salir. Un pequeño bolígrafo que me obsequiaron de cortesía en un curso de administración avanzada de BusinessWorks resbaló de uno de los cierres de mi mochila y fue a caer sobre la alfombra de la oficina con un ruido leve, como el de una mota de algodón. Repentinamente, la puerta de la oficina se abrió y asomó la cabeza de mi AP. Enrique - me dijo - Necesitamos validar las operaciones del módulo de Money Market. No están cayendo en GBS. Lancé una nueva mirada a la ventana y luego a mi reloj. El cielo ya comenzaba a volverse negro y mi reloj indicaba que cinco minutos habían transcurrido desde las siete y media. Ni hablar. Volví a encender mi máquina con desgano. Dos horas y media después, el problema estaba resuelto. Ya un poco más contento, comencé de nuevo el ritual, apagar mi máquina y recoger mis cosas. Mi bolígrafo seguía sobre la alfombra. Al inclinarme a recogerlo, escuché el sonido más horroroso que puede escuchar un ser humano, sobre todo cuando ese ser humano se encuentra en una oficina que está entre 90 y 120 minutos de su casa, dependiendo del tráfico. El sonido pues, fue algo así como TRRRRACK!


Mi primera reacción fue comprobar si alguien más lo había oído. Nadie lo hizo por supuesto, porque como ya mencioné, para ese momento eran las diez de la noche. Bueno, no lo mencioné, pero es algo que puede ser calculado muy fácilmente leyendo el párrafo anterior. Si creyera en dios, tal vez le agradecería por las ventanas que cubren la mayoría de los edificios de oficinas, que tienen la particularidad de que por las noches, se convierten prácticamente en un espejo. Una rápida revisión de los daños me hizo darme cuenta de que para poder salir de la oficina tendría que improvisar un método de escape. Aflojé los tirantes de mi mochila hasta que ésta cayó por mi espalda casi hasta las pantorrillas y atravecé la oficina con la velocidad de la luz. Con la noche como mi aliada, hice señas a un taxi que pasaba por la calle. A Tlatelolco, joven - dije al conductor. Éste me indicó que subiera al vehículo. Abrí la portezuela y lancé mi mochila dentro con un rápido movimiento. Subí mi pie izquierdo y ascendí al asiento trasero. Al recorrerme hacia el centro tratando de hacer espacio para subir el pie derecho, escuché de nuevo ese horrible sonido: TRRRRACK!


He cavilado y cavilado acerca de las causas por las cuales este tipo de cosas me suceden a mí. No es mala suerte, no. Es sencillamente la acción de la física moderna, como pude comprobar después. Y es que es un hecho bien conocido que una de las características de un agujero negro es su capacidad de desgarrar la tela del espacio-tiempo. Y si eso puede hacer con la tela del espacio-tiempo, por qué no habría de desgarrar la tela de un simple pantalón? Mi propio agujero negro.


Q.E.D.