En el primero fuimos a Tepoztlán. Quería subir al Tepozteco y mirar hacia abajo, hacia el mundo, imaginarlo mío y proponerle que a partir de ese momento sería suyo también. No contaba con que una torrencial lluvia se nos iba a venir encima apenas comenzamos a dar los primeros pasos del ascenso. Yo no quería detenerme, después de todo era sólo un poco de agua y yo me sentía mojado pero feliz. Sin embargo llovió tan fuerte que tuvimos que olvidarnos de la cumbre del Tepozteco. Sería para otra ocasión, que desafortunadamente no ha llegado. Regresamos mojados y cansados, con algo de mal humor. No fue precisamente lo que yo esperaba, pero ahora, tres años después, lo recuerdo como el primer punto de referencia, la primera parada en el camino. Una especie de "Usted está aquí" en nuestro mapa.
En el segundo estábamos en Ayotlán, cuidando a Mandy, que acababa de nacer hacía pocos días. Tan pequeña, tan hermosa, tan latosa. Era tan cansado atenderla y atender a Juno, que ya andaba como loco, queriendo salir a jugar, activo, hiperactivo. No había mucho que hacer, y aunque hubiera, ambos estábamos exhaustos, así que nos limitamos a permanecer en casa. Yo hice una pequeña presentación, unos pensamientos, unas fotos. Algo sencillo pero lleno de significado. Una manera pequeña de agradecerle todo, de decirle lo que ella es en mi vida.
Para el tercero los niños ya estaban un poco más grandes: Juno ya con casi dos años y medio, Mandy acababa de cumplir un año. Pudimos salir a comer algo en familia, escuchar unos mariachis, dedicarnos canciones mutuamente, incluso tomar un par de cocteles, creo que medias de seda o algo parecido para ella, un Vodkita para mí, agua o refresco para los niños, no lo recuerdo. Recuerdo a los mariachis haciendo bromas a nuestras costillas, la más popular de todas, aquella de que necesitábamos comprar un televisor, urgentemente. En caso de ya tenerlo, entonces había que ponernos a verlo para evitar la tentación de ocupar nuestro tiempo libre haciendo "otras cosas".
Este es el cuarto. El día de hoy, nueve de Julio del año 2009. Hace exactamente cinco años estábamos a punto de casarnos. Yo con mi traje obscuro, ella con su vestido blanco. La gente le preguntaba si iba a hacer su primera comunión. Es que era tan joven. Aún me sorprendo al recordar que me dijo que sí. No sé por qué razón alguien querría casarse a los dieciocho, cuando la vida apenas comienza, pero ella quiso. Y quiso hacerlo conmigo. Gracias nena. Gracias por ser mía, por permitirme ser tuyo. Gracias por la vida que estamos viviendo juntos, por mis hijos hermosos y sus travesuras. Gracias por tu risa, por tu voz de Jackie (jajaja), por la manera en que tu cabello enmarca tu cara, por tu esfuerzo y dedicación hacia mí, por amarme de una manera en la que no pensé que fuera posible. Gracias, amor, por la forma en que me recuerdas que soy importante en tu vida, así como tú eres en la mía.
Feliz aniversario, preciosa. Te amo.
Tu viejo.
En el segundo estábamos en Ayotlán, cuidando a Mandy, que acababa de nacer hacía pocos días. Tan pequeña, tan hermosa, tan latosa. Era tan cansado atenderla y atender a Juno, que ya andaba como loco, queriendo salir a jugar, activo, hiperactivo. No había mucho que hacer, y aunque hubiera, ambos estábamos exhaustos, así que nos limitamos a permanecer en casa. Yo hice una pequeña presentación, unos pensamientos, unas fotos. Algo sencillo pero lleno de significado. Una manera pequeña de agradecerle todo, de decirle lo que ella es en mi vida.
Para el tercero los niños ya estaban un poco más grandes: Juno ya con casi dos años y medio, Mandy acababa de cumplir un año. Pudimos salir a comer algo en familia, escuchar unos mariachis, dedicarnos canciones mutuamente, incluso tomar un par de cocteles, creo que medias de seda o algo parecido para ella, un Vodkita para mí, agua o refresco para los niños, no lo recuerdo. Recuerdo a los mariachis haciendo bromas a nuestras costillas, la más popular de todas, aquella de que necesitábamos comprar un televisor, urgentemente. En caso de ya tenerlo, entonces había que ponernos a verlo para evitar la tentación de ocupar nuestro tiempo libre haciendo "otras cosas".
Este es el cuarto. El día de hoy, nueve de Julio del año 2009. Hace exactamente cinco años estábamos a punto de casarnos. Yo con mi traje obscuro, ella con su vestido blanco. La gente le preguntaba si iba a hacer su primera comunión. Es que era tan joven. Aún me sorprendo al recordar que me dijo que sí. No sé por qué razón alguien querría casarse a los dieciocho, cuando la vida apenas comienza, pero ella quiso. Y quiso hacerlo conmigo. Gracias nena. Gracias por ser mía, por permitirme ser tuyo. Gracias por la vida que estamos viviendo juntos, por mis hijos hermosos y sus travesuras. Gracias por tu risa, por tu voz de Jackie (jajaja), por la manera en que tu cabello enmarca tu cara, por tu esfuerzo y dedicación hacia mí, por amarme de una manera en la que no pensé que fuera posible. Gracias, amor, por la forma en que me recuerdas que soy importante en tu vida, así como tú eres en la mía.
Feliz aniversario, preciosa. Te amo.
Tu viejo.
