Que si usar jeans con tenis es un crimen imperdonable. Que si la cumbia es música para sirvientas. Que si qué ternurita ver a los sombrerudos que bailan música norteña lanzar por los aires a sus gorditas. Quítate los lentes obscuros cuando entres en algún lugar cerrado, y si tienes cara de joyita arqueológica, pues mejor evítalos totalmente, no vaya a ser que te confundan con un guarura. Y no te lleves a todos los primos, vecinos y alguno que otro colado que te encuentres en el camino hacia el balneario, y si lo haces, ni se te ocurra sacar la canasta de huevos duros y el garrafón de agua de horchata, mientras te metes a la alberca con tu camisa blanca del mundial de México '86, con el Pique descarapelado, que dicho sea de paso, está comodísima. Ni se diga que asegures tu cartera en el bolsillo trasero de tu pantalón por medio de una de esas monísimas cadenitas plateadas, o que el claxon de tu automóvil suene como un grito a la Tarzán o la melodía de "La cucaracha". Nunca, pero nunca de los nuncas vayas a usar zapato negro con calceta blanca o con cinturón café. El papel sanitario sólo sirve para limpiarse el ano, para la nariz están los Kleenex. El mesero no se llama "Mai" ni "Mike", ni mucho menos "Barrio". Se dice "Mallami", no "Mi-ami". Nigga no, Daddy Yankee sí... Me sorprende que los chavos tengan cabeza para aprender de memoria todas estas reglas básicas para la supervivencia de la gente bonita y las buenas costumbres, y muchas otrás más de las que ya no me acuerdo, pero que durante alguna época observé religiosamente, so pena de descender al infierno de los rechazados sociales, aquellos que nunca fueron a Disneyland (¿Cómo estuvo eso de que disneilandia?) y se tenían que chutar las caricaturas del canal 9, porque allá por mi pueblo no se veía XHGC si no tenías antena parabólica con su decodificador y su motorcito (bueno, eso del motorcito se podía arreglar fácilmente: bastaba con subir a la azotea y darle vueltas y vueltas y vueltas a la palanquita hasta situar la antena en el satélite adecuado). Ahora me dan flojera todas esas cosas. Entre la chamba, los niños, mis decenas de proyectos inconclusos, mi apnea de sueño y mi cuasipaupérrima posición económica me han hecho desistir de andar fijándome en lo que hacen las demás personas con su existencia. Mientras se peguen un buen bañito y se pongan desodorante diariamente, lo demás es lo de menos.
Italia
Hace 15 años

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