lunes, 31 de mayo de 2010

Y tú te sientes valiente

Me encanta el género del terror. Por supuesto, no soy un conocedor del género, por ejemplo, tendría que quedarme calladito si alguien comenzara a querer platicar conmigo acerca de tal director alemán de mediados de los años setentas que creaba imágenes fantásticas llenas de "gore" con una pizca de sátira social y política desde la perspectiva de la revolución industrial inglesa o algo así. Yo las que me he aventado son los churrillos hollywoodenses, algunas de las películas japonesas que he conseguido en tepis (amiguito, di NO a la piratería) y hasta algunas joyas del cine nacional como Vacaciones de terror, Pánico en la montaña y claro, cómo olvidarnos de Hasta el viento tiene miedo y KM 13 (digo, 31, aunque creo que subirse a uno de los perrobuses que circulaban por el paseo de la reforma hasta hace poco era una experiencia realmente terrorífica).

He visto prácticamente todo tipo de criaturas tratando de exterminarnos: zombies, vampiros, fantasmas, muñecos diabólicos, hombres lobo, momias, el mesmisisísimo diablo en persona, una legión de ángeles, niños pequeños y niños no tan pequeños, asesinos psicópatas, mutantes, fantasmas, extraterrestres y creo que hasta una vagina gigante (en serio), y me he asustado en mayor o menor medida a lo largo de los años, cerrando los ojos fuertemente en mi cuarto a obscuras en las horas de la madrugada y sin poder dormir, pensando en el momento en el que la criatura emergerá finalmente de abajo de mi cama para llevarme consigo.

Sin embargo, a medida que uno va creciendo, las mayor parte de las películas de terror comienzan a tener una pizca de comedia que termina por ser un enorme puñado que en ocasiones termina por dominar el ambiente. Eso aunado a algunos villanos como Chucky y Freddy que comienzan sus sagas como asesinos despiadados, dignos de inspirar terror hasta en el más calzonudo y terminan como malos comediantes.

Todo este preámbulo viene a que quiero platicar acerca de mi Juno, el cual con apenas cuatro años ya se ha aventado peliculones como Eso, El exorcista, Chucky 1, 2 y 3 y además La novia de Chucky y El hijo de Chucky, Pesadilla en la calle del infierno 1 a 4, además de que la uno se la acaba de aventar en el cine y no se ni cuántas películas japonesas y todo eso sin chistar siquiera. Yo me acuerdo que temblaba de miedo en las noches después de haber visto a Freddy Krueger pero a él ni lo inmuta. Las siete puertas del infierno ni siquiera la aguanté: empecé a verla a los 7 u 8 años y hace apenas unos meses que logré terminarla (bueno, hay que reconocer que a estas alturas del partido lo difícil no fue verla sino conseguirla), y siento que a él no le va a hacer ni consquillas. Será que esta juventud se ha venido haciendo cada día más valiente...

viernes, 28 de mayo de 2010

La cabeza y el dolor

Ayer no pude dormir por un montón de razones: una cena en mal estado, náuseas, dolor de cabeza, el insoportable calor de finales de Mayo, el catarro polaco y por último un inesperado arranque de creatividad que ya no se si lo viví o lo soñé. Probablemente haya sido esto último ya que por más que trato de hacer memoria no consigo acordarme de los detalles más finos de lo que se me estaba ocurriendo anoche. A grandes rasgos puedo decir que en mi cabeza elaboré arreglos para por lo menos tres canciones, una de las cuales era un vals, otra era música española, creo que flamenco o algo así, y de la última ya ni me acuerdo.

Lo que sí recuerdo es que fue impresionante la manera en la que mi cabeza formaba armonías y después iba agregando capa tras capa de elementos, voces, instrumentaciones, efectos y demás. Recuerdo haber pensado en levantarme y tratar de escibir todo, en un esfuerzo por recordarlo al día siguiente, que es hoy, pero al fin de cuentas no fui capaz de levantarme de la cama. No sé si fue el calor, el dolor de cabeza o la preocupación. Sólo se que había algo que no me dejaba levantarme, que no me dejaba pensar de manera lúcida. Decidí entonces entregarme a los delirios musicales de mi cabeza y me lancé a la deriva a la creación de un montón de cosas de las cuales en este momento no recuerdo ni lo más mínimo. Sólo recuerdo que ayer por la noche, durante un intermedio entre dolor de cabeza y dolor de estómago, entre visitas nocturnas al ídolo de porcelana, entre náuseas y preocupación, entre el calor de la noche y los escalofríos de la indigestión, me sentí dichoso y hasta importante. Anoche construí y armé un sueño que aunque tal vez no vuelva a ver, me va a dejar un recuerdo agradable por el resto de mis días.

Tal vez haya sido una venganza Asimoviana al estilo de Azazel: una mente perfecta durante unos minutos seguida de una vida de añoranza. Hoy me sigue doliendo la cabeza y me cuesta un trabajo inmenso tratar de ponerme a pensar en el prototipo que tengo que elaborar.

lunes, 24 de mayo de 2010

Juan de Dios

Uno, dos, tres contundentes puñetazos se estrellaron sobre el rostro de Juan de Dios rompiendo su septum nasal, abriendo sus pómulos, hinchando su boca. Una lluvia de puños y patadas caía sobre su cuerpo enjuto mientras con ambas manos se aferraba fuertemente a aquel soporte, lo único que le permitía permanecer en pie frente al inclemente ataque perpetrado por el hombre del saco a rayas que sin detenerse un segundo para recuperar el aliento continuaba moliéndolo sin piedad. La respiración se le hacía cada vez más dificultosa, la vista se le nublaba, empañada por un líquido de color rojo brillante que no le permitía siquiera ver los puños que se impactaban en su cara. El dolor era entonces casi anónimo, cada nuevo impacto llegaba sin ser esperado, aunque después de algún tiempo Juan de Dios comenzó a discernir un patrón rítmico entre golpe y golpe. En su locura comenzó a oscilar el rostro al compás del ritmo recién descubierto, anticipándose a su agresor, no para tratar de evadirlo sino para colocar el rostro en el lugar donde sospechaba que llegaría el nuevo puñetazo, siempre sin soltar por un segundo el blanco y esbelto cuello de la mujer del hombre del saco a rayas, la cual no tardó mucho más en desvanecesrse y caer al suelo casi sin ruido, como una hoja al caer sobre el césped. Sólo entonces Juan de Dios se decidió a soltarla y encargarse de su compañero, héroe de papel que seguía intentando protegerla. Un certero golpe en la nuca le destrozó las vértebras cervicales y fue a caer justo encima de ella, protegiéndola con su cuerpo inerte de la lluvia torrencial que no parecía querer parar.

viernes, 21 de mayo de 2010

Hipócrat escritas

No es que lo mío sea una postura a favor de los gringos. Todos sabemos lo que la influencia de su cultura y su economía significa para nuestros pequeños países, que ahora dicen que se llaman "economías emergentes", pero que yo sigo pensando que son subdesarrollados o tercermundistas. El asunto es que pienso que se está confundiendo a la gente al decirle que hay que presionar a Obama para que presione a Brewer para que abrogue la SB1070 para que los indocumentados que viven en Arizona puedan continuar haciéndolo para que puedan seguir en la búsqueda del sueño americano (gringo) y todos seamos felices. ¿Presionar a Brewer? ¿Presionar a Obama? ¡Hazme el refabrón cabor! Tienen todo el derecho de hacer lo que se les antoje en su país, que para eso es SU PAÍS y si a alguien no le gustan las condiciones de vida que existen ahí, inmigrante o no, puede dejarlo. Bueno, eso de que puede dejarlo depende de un montón de cosas, pero en teoría, debería de ser posible. Aquí es en donde recuerdo al inolvidable Salvá Calleja, con su inmortal "La práctica derrumba nuestros sueños teóricos": Juanito Ilegal se queja porque lo tratan mal del otro lado del Bravo. Johnny Yankee le conmina a regresar a su país de origen y dejar de molestar (aquí ni quien te extrañe), pero para Juanito la situación no es tan fácil ya que en su país de origen no tiene ni perro que le ladre, y ni la perspectiva de llegar a ser dueño de un bonito can. Tal vez todo el asunto sea cultural -creer que sólo trabajando en EU se puede salir adelante- pero ya sea o no cultural, es nuevamente a nuestra clase gobernante a quien le corresponde crear el clima social, político, económico, etc., que haga al mexicano promedio pensar que sí se puede hacerla aquí, que no es necesario ir a arriesgar la vida cruzando el río o el desierto con la esposa embarazada y los chamacos chamagosos tratando de seguirle el paso al pollero. De nuestro gobierno, no del gobierno de Arizona, ni del de los Iunaited. Hasta entonces, seguiremos exportando mexicanos.

jueves, 20 de mayo de 2010

Xenophobia

¿Qué pasaría si los hijos del vecino se metieran en mi casa? Tal vez si me dijeran que tienen hambre y su papá no les da de comer eso me haría apelar a mi lado humano y aceptarlos. ¿Y qué tal si todos los días un nuevo vecinito se metiera en mi casa? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de decir basta? Y si después de esto, el vecino, ese que no da de comer a los hijos que continúa engendrando, viniera a mi casa a llamarme inhumano, a decirme que sus hijos tienen derechos inalienables y que es mi obligación respetarlos, ¿Cómo me sentiría? ¿Es justo obligar a otra persona a alimentar, vestir y educar a tus hijos? Y si además todos aquellos que abandonaron su casa comenzaran a trabajar, a producir dinero, y lo más importante, a enviarlo de regreso, se eliminaría así la necesidad del padre irresponsable de hacerse cargo de los hijos que continúan a su cuidado. Esta situación se ha vuelto muy cómoda para nuestro gobierno: todo el circo mediático que se ha formado alrededor de la nueva ley contra la inmigración en el estado de Arizona tiene un y sólo un trasfondo, el cual es evitar la obligación de generar empleos para los millones de mexicanos que han abandonado el país, de proveer educación para sus hijos, programas de seguridad social, etc.

Resulta muy conveniente para México que los trabajadores, ya sean indocumentados o no, envíen dinero a sus familias que siguen aquí. Incluso he oído hablar de individuos que han decidido ellos mismos mejorar sus lugares de origen abriendo escuelas, estaciones de bomberos y muchas cosas más. Qué maravilla, todo eso significa dinero que el gobierno no tiene que gastar en el pueblo. Obras públicas gratuitas, y el dinero que se debería haber destinado a ellas puede ir a dar a los bolsillos de políticos corruptos. Un negocio redondo.

Me da risa la sola idea de que Calderón piensa en los derechos de los trabajadores migrantes, en su seguridad, en no separar a las familias y en todo eso en lo que dice que piensa. En lo que realmente piensa es en la catástrofe que significaría tenerlos de vuelta, darles de comer, educarlos y proveerles un futuro, por no mencionar los miles de millones de dólares que se dejarían de recibir cada año. Me queda claro que uno de los mayores productos de exportación de nuestro país son los braceros y que al gobierno le conviene mantener esta situación. Eso es por lo que pugnan cuando hablan de una reforma migratoria. Basta con voltear a ver la frontera sur para darnos cuenta de eso: muchas veces he oído en los noticieros reportajes acerca del trato que se les da a los inmigrantes sudamericanos en estados como Chiapas y el costo que representa para México tener que deportarlos a sus países de origen. ¿Por qué no pugnar por una reforma migratoria en la frontera sur? ¿Será que tememos perder el monopolio de albañiles y braceros?

¿Qué se puede pensar de un padre que a sabiendas de que no puede mantener a sus hijos sigue engendrándolos sin parar? Que es un irresponsable por decir lo menos. O tal vez que sabe perfectamente lo que está haciendo y por qué lo está haciendo...