lunes, 24 de mayo de 2010

Juan de Dios

Uno, dos, tres contundentes puñetazos se estrellaron sobre el rostro de Juan de Dios rompiendo su septum nasal, abriendo sus pómulos, hinchando su boca. Una lluvia de puños y patadas caía sobre su cuerpo enjuto mientras con ambas manos se aferraba fuertemente a aquel soporte, lo único que le permitía permanecer en pie frente al inclemente ataque perpetrado por el hombre del saco a rayas que sin detenerse un segundo para recuperar el aliento continuaba moliéndolo sin piedad. La respiración se le hacía cada vez más dificultosa, la vista se le nublaba, empañada por un líquido de color rojo brillante que no le permitía siquiera ver los puños que se impactaban en su cara. El dolor era entonces casi anónimo, cada nuevo impacto llegaba sin ser esperado, aunque después de algún tiempo Juan de Dios comenzó a discernir un patrón rítmico entre golpe y golpe. En su locura comenzó a oscilar el rostro al compás del ritmo recién descubierto, anticipándose a su agresor, no para tratar de evadirlo sino para colocar el rostro en el lugar donde sospechaba que llegaría el nuevo puñetazo, siempre sin soltar por un segundo el blanco y esbelto cuello de la mujer del hombre del saco a rayas, la cual no tardó mucho más en desvanecesrse y caer al suelo casi sin ruido, como una hoja al caer sobre el césped. Sólo entonces Juan de Dios se decidió a soltarla y encargarse de su compañero, héroe de papel que seguía intentando protegerla. Un certero golpe en la nuca le destrozó las vértebras cervicales y fue a caer justo encima de ella, protegiéndola con su cuerpo inerte de la lluvia torrencial que no parecía querer parar.

2 comments:

Talina dijo...

Juan de Dios esta de regreso!...
muy bueno :)

enroiv dijo...

Muchas dankes!!