Ayer no pude dormir por un montón de razones: una cena en mal estado, náuseas, dolor de cabeza, el insoportable calor de finales de Mayo, el catarro polaco y por último un inesperado arranque de creatividad que ya no se si lo viví o lo soñé. Probablemente haya sido esto último ya que por más que trato de hacer memoria no consigo acordarme de los detalles más finos de lo que se me estaba ocurriendo anoche. A grandes rasgos puedo decir que en mi cabeza elaboré arreglos para por lo menos tres canciones, una de las cuales era un vals, otra era música española, creo que flamenco o algo así, y de la última ya ni me acuerdo.
Lo que sí recuerdo es que fue impresionante la manera en la que mi cabeza formaba armonías y después iba agregando capa tras capa de elementos, voces, instrumentaciones, efectos y demás. Recuerdo haber pensado en levantarme y tratar de escibir todo, en un esfuerzo por recordarlo al día siguiente, que es hoy, pero al fin de cuentas no fui capaz de levantarme de la cama. No sé si fue el calor, el dolor de cabeza o la preocupación. Sólo se que había algo que no me dejaba levantarme, que no me dejaba pensar de manera lúcida. Decidí entonces entregarme a los delirios musicales de mi cabeza y me lancé a la deriva a la creación de un montón de cosas de las cuales en este momento no recuerdo ni lo más mínimo. Sólo recuerdo que ayer por la noche, durante un intermedio entre dolor de cabeza y dolor de estómago, entre visitas nocturnas al ídolo de porcelana, entre náuseas y preocupación, entre el calor de la noche y los escalofríos de la indigestión, me sentí dichoso y hasta importante. Anoche construí y armé un sueño que aunque tal vez no vuelva a ver, me va a dejar un recuerdo agradable por el resto de mis días.
Tal vez haya sido una venganza Asimoviana al estilo de Azazel: una mente perfecta durante unos minutos seguida de una vida de añoranza. Hoy me sigue doliendo la cabeza y me cuesta un trabajo inmenso tratar de ponerme a pensar en el prototipo que tengo que elaborar.
Lo que sí recuerdo es que fue impresionante la manera en la que mi cabeza formaba armonías y después iba agregando capa tras capa de elementos, voces, instrumentaciones, efectos y demás. Recuerdo haber pensado en levantarme y tratar de escibir todo, en un esfuerzo por recordarlo al día siguiente, que es hoy, pero al fin de cuentas no fui capaz de levantarme de la cama. No sé si fue el calor, el dolor de cabeza o la preocupación. Sólo se que había algo que no me dejaba levantarme, que no me dejaba pensar de manera lúcida. Decidí entonces entregarme a los delirios musicales de mi cabeza y me lancé a la deriva a la creación de un montón de cosas de las cuales en este momento no recuerdo ni lo más mínimo. Sólo recuerdo que ayer por la noche, durante un intermedio entre dolor de cabeza y dolor de estómago, entre visitas nocturnas al ídolo de porcelana, entre náuseas y preocupación, entre el calor de la noche y los escalofríos de la indigestión, me sentí dichoso y hasta importante. Anoche construí y armé un sueño que aunque tal vez no vuelva a ver, me va a dejar un recuerdo agradable por el resto de mis días.
Tal vez haya sido una venganza Asimoviana al estilo de Azazel: una mente perfecta durante unos minutos seguida de una vida de añoranza. Hoy me sigue doliendo la cabeza y me cuesta un trabajo inmenso tratar de ponerme a pensar en el prototipo que tengo que elaborar.

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