miércoles, 3 de febrero de 2010

El día está frío

El día está frío, y creo que a nadie le cae de sorpresa la anterior aseveración, la cual es apenas una observación a destiempo de lo que ya todos saben. Está frío y caen algunas gotas de lluvia en mi frente. De esas gotas, algunas resbalan hacia mi nuca, mientras que otras, las más avezadas, deciden hacerlo por la frente, hasta que la mano las seca con delicadeza. No he comido aún y la verdad es que la sola idea me da flojera. Prefiero quedarme aplastado en la silla y contemplar el atardecer desde mi ventana del décimo piso. He trabajado un poco, medio cabeceado, y claro, he tomado un par de minutos para navegar por la internerd. Días como estos me hacían feliz hace apenas unos pocos años: me daban la oportunidad de salir a caminar bajo la lluvia, sacando la lengua de cuando en cuando para saborear la contaminación de la ciudad. A veces exhalaba con fuerza sólo para ver mi aliento elevarse hacia el cielo. Hoy en cambio la lluvia me hace pensar en no enfermarme para no ir a contagiar a los críos -ya es tarde para eso, por cierto, pues ya siento algo de comezón en la garganta- y en taparme hasta las orejas. Ya no sé si es cuestión de enfoques o de qué sea cuestión. El asunto es que algo se siente distinto y no sé bien qué es.