Se me ha ocurrido que a últimas fechas las únicas estrellas que la gente piensa que vale la pena admirar son las que salen en la televisión. Se me ocurre que ya casi nadie mira al cielo sólo para maravillarse por su inmensidad, para imaginar qué lugar ocupa nuestro mundo en el ballet espacial. Creo que creen que lo más interesante que se puede hallar en el cielo de una cálida noche despejada es un ovni o un fantasma y me doy cuenta de todo esto cuando observo a Marte acercándose cada día un poco más a Betelgeuse (claro, sólo aparentemente) y luego alejándose poco a poco, mientras la gente mira con curiosidad al loco que se detiene a mitad del estacionamiento para voltear hacia arriba. Si tan sólo me dejaran de mirar a mi y en lugar de eso levantaran la mirada al cielo ¿Entenderían? Supongo que a lo mejor quién sabe. Pero lo importante es que las estrellas siguen ahí, ignoradas por casi todos, esperando a algunos otros. O a lo mejor sin esperar a nadie, pero siguen ahí, como seguirán cuando nos hayamos ido, como seguirán cuando llegue alguien más. Y si no llega nadie, no importa: ellas seguirán ahí.
Italia
Hace 15 años
