miércoles, 10 de marzo de 2010

Día lento

Pues creo que hoy hubiera dado lo mismo quedarme en casa que venir a trabajar. Es bonito eso de que te paguen por no hacer nada, pero la verdad da un poco de flojera estar todo el día mirando el techo (sin doble sentido) y en la noche, cuando todo lo que quieres es irte a tu casa, tener que esperar la junta de revisión de estatus... pues que me busquen al cel, yo me pinto de colores.

Stratocoustic


Se acerca mi cumpleaños. Si alguien se anima, les dejo una pequeña recomendación. La Fender Stratocoustic.

Cómo saber si un ingeniero ha terminado (finalmente) un proyecto de categoría 1

Empieza a pasar más tiempo en el blog, facebook, youtube, wikipedia y hasta en el baño echándose una rica jetita. Lo único que me falta es la jetita.

Pinches nacos

Que si usar jeans con tenis es un crimen imperdonable. Que si la cumbia es música para sirvientas. Que si qué ternurita ver a los sombrerudos que bailan música norteña lanzar por los aires a sus gorditas. Quítate los lentes obscuros cuando entres en algún lugar cerrado, y si tienes cara de joyita arqueológica, pues mejor evítalos totalmente, no vaya a ser que te confundan con un guarura. Y no te lleves a todos los primos, vecinos y alguno que otro colado que te encuentres en el camino hacia el balneario, y si lo haces, ni se te ocurra sacar la canasta de huevos duros y el garrafón de agua de horchata, mientras te metes a la alberca con tu camisa blanca del mundial de México '86, con el Pique descarapelado, que dicho sea de paso, está comodísima. Ni se diga que asegures tu cartera en el bolsillo trasero de tu pantalón por medio de una de esas monísimas cadenitas plateadas, o que el claxon de tu automóvil suene como un grito a la Tarzán o la melodía de "La cucaracha". Nunca, pero nunca de los nuncas vayas a usar zapato negro con calceta blanca o con cinturón café. El papel sanitario sólo sirve para limpiarse el ano, para la nariz están los Kleenex. El mesero no se llama "Mai" ni "Mike", ni mucho menos "Barrio". Se dice "Mallami", no "Mi-ami". Nigga no, Daddy Yankee sí... Me sorprende que los chavos tengan cabeza para aprender de memoria todas estas reglas básicas para la supervivencia de la gente bonita y las buenas costumbres, y muchas otrás más de las que ya no me acuerdo, pero que durante alguna época observé religiosamente, so pena de descender al infierno de los rechazados sociales, aquellos que nunca fueron a Disneyland (¿Cómo estuvo eso de que disneilandia?) y se tenían que chutar las caricaturas del canal 9, porque allá por mi pueblo no se veía XHGC si no tenías antena parabólica con su decodificador y su motorcito (bueno, eso del motorcito se podía arreglar fácilmente: bastaba con subir a la azotea y darle vueltas y vueltas y vueltas a la palanquita hasta situar la antena en el satélite adecuado). Ahora me dan flojera todas esas cosas. Entre la chamba, los niños, mis decenas de proyectos inconclusos, mi apnea de sueño y mi cuasipaupérrima posición económica me han hecho desistir de andar fijándome en lo que hacen las demás personas con su existencia. Mientras se peguen un buen bañito y se pongan desodorante diariamente, lo demás es lo de menos.

Hiban haber el rio. ivan cantando cansiones muertos de frio

Haber quien dice a ver, porque es cierto eso de que ay quién cuándo quiere desir algo despues de a ver dicho que no hiba a decir nada, se retracta en tú cara y deside, hay nanita, comensar a ablar, y asi lo ase, sin parar hasta que llega hay, a ese punto en que lo mejor abría sido no a ver dicho nada.

Más de tres sacudidas

El hecho de que mi vejiga tiene el tamaño de una nuez me hace visitar el baño un poco más de lo normal, lo cual, ahora que lo pienso, ha traído consigo un buen número de anécdotas, algunas chuscas y algunas otras escalofriantes, como la de ayer, día en el que, lo confieso, he perdido para siempre la inocencia y la alegría de vivir debido a la segunda o tercera visita al baño del día en cuestión.

Todo empezó normal, salí de la oficina y le pedí al guardia de seguridad las llaves del baño de hombres. No me las dio, argumentando que ya había alguien usándolo, lo cual me molestó un poco y me asustó un mucho, ante la posibilidad de que quien estuviera ahí dentro fuera uno de esos a los que no les gusta compartir el baño y lo cierran. Ahora que lo pienso, creo que eso habría sido lo mejor, pero por supuesto, si alguna alternativa es mejor que otra, puedo estar seguro que la que me va a tocar a mí será la peor de las dos. Incluso es probable que de la nada surja una tercera alternativa, peor aún que las anteriores y claro, esa es la que me va a tocar a mí, aunque creo que ya había tocado el tema en otro post. Sigamos entonces con este. Prometo no divagar demasiado, aunque a estas alturas no sé de la validez de mis promesas, sobre todo en lo que a escribir se refiere. Entré al baño y me paré frente al minjitorio. Pie derecho bien plantado en el suelo, pie izquierdo a la distancia adecuada para formar un ángulo entre las piernas que me permita colocarme sobre el minjitorio a una distancia adecuada para impedir escurrimientos inoportunos, tratando al mismo tiempo de mantener un altura suficiente para evitar el abominable contacto pipi-loza, mirada al frente con expresión seria, poker face, diría la Lady Gaga. El problema con esto de la visión humna es eso que se llama visión periférica, la cual es bastante útil en la mayoría de los contextos, como al ir manejando o al caminar por la Buenos Aires, pero que sería mejor poder dejar afuera cuando uno va al baño, para poder evitar ver al vecino de al lado, el cual se agitaba frenéticamente frente al minjitorio, haciendo con el brazo derecho un movimiento oscilatorio que me daba la impresión como de que se estaba intentando apuñalar debajo de la panza una y otra vez. Fue horrible, horriiiible. Pero como soy un hombre muy decente, me apresuré a terminar, salí del baño y cerré la puerta para dejarlo llevar a buen fin su asunto, no fuera a ser que se quedara con las ganas, y entonces sí a correr pequeñitos.