sábado, 28 de agosto de 2010

Doña Mándara's cool

Ya llegó el día -de hecho, ya hasta se fue- en que la gordita entra a la escuela. Desafortunadamente, no pude estar con ella para llevarla yo mismo. Tuve que verla sólo por fotos. Se veía muy hermosa, con su uniforme azul y toda la cosa. Se me hizo extraño: no sé por qué razón pero a ella la veo mucho más pequeña de lo que veía a su hermano a esa misma edad. Algo me dice que debería tenerla conmigo un poco más, que aún no es tiempo de lanzarla al mundo. Pero ya es tiempo, y ya la lanzamos, y hasta se portó mal. Lo bueno que enmendó el camino el segundo día. Ahora ya se ha ido la primera semana y estamos esperando que sea de nuevo Lunes para que vaya nuevamente a enfrentarse al mundo ella sola. En este momento está sentada justo a mi lado y me sonríe mientras escribo estas líneas. No sé si sepa lo que estoy haciendo, si exista aún en su mente el concepto de escribir. Ya existirá.

Tiburoncín, ooh ha ha!

Como si no fuera poco el estrés al que he estado sujeto estas últimas dos semanas con todo lo de los baños y el proyecto nuevo, hace como semana y media, mientras disfrutaba un rico lomo con salsa en la azotea de la oficina, le pegué tal mordida al tenedor que hasta se me aflojó el diente. Ahora tengo que usar la lengua y los dientes de arriba para morder porque la mandíbula aún la traigo adolorida. Aparte de todo, ando medio preocupado por aquello de que se me vaya a caer el diente y tenga que usar un chiclet para poder sonreir en las fotos.