martes, 23 de noviembre de 2010

Trabajando Manuel

Después de dos semanas de vacaciones patrocinadas por el bueno del Varicella Zoster regresé a la oficina. Se me hizo chistoso ver cómo algunas personas trataban de evitarme mientras que otras me saludaban de lejos. Lo mejor del día fue una compañera que al verme me sonrió mientras agitaba su manilla a la distancia, sin querer acercarse a menos de dos metros de mí. Luego otra compañera me contó lo siguiente:

Pituca - Oye, ¿Saludaste a Enrique?
Petaca - Sí
Pituca - ¿De beso?
Petaca - Sí
Pituca - Yo no, mejor lo saludé desde lejos
Petaca - Pues qué crees, yo lo saludé de beso y después te saludé de beso a ti
Pituca - ¡PLOP!

Equivocado

Corrección: lo peor de la varicela es haber contagiado a mi niño. Me doy cuenta de que mis esfuerzos por no hacerlo fueron inútiles, en realidad no había forma de evitarlo si estamos tan cerca. Ahorita el pobre está tan enfermo, incluso más que yo. Yo no se quién inventó el mito de que a los niños la varicela les da muy ligera pero me dan ganas de darle una patada en los blanquillos.