viernes, 30 de diciembre de 2011

A ti ya se te va el avion

Estoy esperando a que salga mi avion mientras eschcho a John Lennon, "Just like starting over". Buena rola para el penultimo dia del ano. Tengo pensado mandar a los mayas a freir esparragos (con el perdon de los mayas). Bueno, no realmente a los mayas, sino a los que piensan que el calendario maya predice que el mundo se acaba el proximo ano. Me pregunto cuantas veces han vaticinado el fin del mundo... Algun dia le habran de atinar, creo... Tambien existe la posibilidad de que se acabe la humanidad y el mundo siga dando vueltas. O de que no exista ningun fenomeno si no hay nadie para medirlo (Gracias, maldita mecanica cuentica).

I don't

I don't feel like dancing, no sir, no dancing tonight. I don't feel like dancing, even if i got nothing better to do.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Calistenia

Inicio este post con una advertencia: lo que viene a continuacion bien podria resumirse en una linea en blanco, un vacio, en pocas palabras, en nada. No tratare acerca de ningun tema en particular asi que te ruego, amable lector, que si tienes cualquier cosa mas interesante que leer, en serio, cualquier cosa, dediques tu atencion a temas mas productivos. Hecha esta advertencia, te agradezco por seguir conmigo. Vamos a introducirnos en las profundidades de una mente en blanco y trataremos de hallar algo en ella. Comenzaremos haciendo un recuento de un dia normal en el trabajo, sin nada que hacer, sin nada que platicar. Tal vez encontraremos de cuando en cuando un par de simpaticos hindus (no logro recordar si se dice "hindus" o "hindues", asi que me he decidido por la alternativa mas corta) que se la pasaron una buena parte de la manana jugando con el globo terraqueo suspendido magneticamente que me regalo mi esposa, para beneplacito de cierto agente de la TSA (Transportation Security Administration) en el aeropuerto de Los Angeles, que sin mas ni mas me llamo "nerd", "Tu esposa te ragalo un globo terraqueo suspendido magneticamente, cierto?", "Seguro has de ser un nerd". Bueno, pues el nerd paso a traves de la seguridad de un aeropuerto post 9/11 en poco menos de cinco minutos y se instalo comodamente en la fila dos del vuelo 1699 de Southwest con destino a Sacramento, California, a donde llego despues de una hora y veinte minutos de leer The ancestor's tale, de Dawkins. Hasta el momento ha resultado bastante recomendable, aunque apenas voy en la pagina 45 de 600, asi que me reservare mi opinion hasta haber avanzado un poco mas. Algo digno de mencionar es un modelo matematico que sugiere que el 80% de la poblacion forzosamente llegara a ser el antepasado del 100% de la poblacion en el futuro, siempre y cuando este momento en el futuro se seleccione apropiadamente. Me muero por ponerme a hacer las matematicas para comprobar este modelo. Me imagino escribiendo el programa que hara los calculos, tal vez algo sencillo, un pequeno shell script podria hacerlo, o tal vez en c o en C++. Podriamos incluso comenzar con un pequeno esqueleto en java y le metemos algunas llamadas a gwt por aquello de la capa de presentacion, si es que decidimos que sea grafico el asunto. Mejor vamonos a lo grande y hacemos un servicio en BW, hacemos el deploy en modo fault tolerant y le ponemos algunas rule bases para el monitoreo. Ok, me siento frente a la computadora dispuesto a comenzar a hacer todo esto, pero antes me dan ganas de escuchar algo de musica. Lo primero que sale es el haevy metal, iniciamos con Metallica, Slipknot, Motley Crue, Pantera y Guns N Roses, obviamente no pordria haber faltado Guns N Roses, ya que es el grupo con el que creci. Aprendi a hablar ingles porque tenia la urgente necesidad de saber que estaba diciendo el bueno de Axl Rose, y si no hubiera sido por esa necesidad, jamas habria aprendido ingles, no habria conocido a mi esposa y no estaria viviendo en el gabacho en este momento. Empiezo a cantar a todo pulmon mientras escucho la musica y me doy cuenta de que no se oye tan mal. Entonces saco el celular y me pongo a grabar mi voz haciendole coros y terceras voces a mis grupos favoritos. Despues de un rato de estar gritando la voz se cansa un poco pero al mismo tiempo comienza a afinarse. Entonces recuerdo aquella cancion de Andrea Bocelli que nunca me habia salido. Sera hoy el dia? Solo hay una manera de saberlo, asi que hago un cambio radical en el genero y despues de "Cemetery Gates" pongo "Caruso". Empunando el celular me la aviento completita mientras pienso en Caruso pensando en las noches en America. Despues de eso, pongo pausa y escucho como quedo la grabacion. Nada mal, para ser sincero. Y si equivoque el camino? Tal vez con algunas clases con un buen maestro y pueda fortalecer mi registro medio y mis puentes. Creo que la voz de cabeza no tiene problemas, he superado la incomoda etapa en la que la voz de cabeza suena nasal y considero que la mia se ha vuelto respetable finalmente. Me entra la locura y decido intentar el whistle register. Vamos a ver, como con cual rolita podria intentarlo? La respuesta es "The most beautiful girl in the world" de Prince. Pero antes de ponerla se me ocurre que seria algo bonito que decirle a mi esposa, asi que le mando un mensaje: "Could you be, the most beautiful girl in the world?". Se que no me va a entender y me va a contestar que por que se lo pregunto, pero se lo mando de todos modos. No es tan malo aquello de no ser comprendido; lo malo es no comprender, sobre todo en la oficina cuando estas platicando con un hindu o con un chino que estan haciendo su mejor esfuerzo por hablar en ingles y por entender tu acento de vendedor de nopales. Entonces la cosa si que se pone complicada. Afortunadamente hasta a eso se termina uno por acostumbrar y con el paso del tiempo hasta llegan a tomar la confianza suficiente para llegar a tu cubiculo a piratearte tus mandarinas y tumbar tu globo terraqueo suspendido magneticamente, ese mismo que provoco que el agente de la TSA te dijera "nerd".

La cena

Maldita sea. No se me antoja la cena de ano nuevo. La pasaremos con la familia de mi senora, y como es tradicion (para ellos), la cena sera pozole. Tal vez el raro sea yo, ya que al parecer el 99.99% de la poblacion ama el susodicho platillo, cuyo nombre no quisiera recordar. Independientemente de eso, he pensado el por que me provoca tanto conflicto comer una comida tradicional en navidad (ok, ok, aceptemos que la cultura es mas fuerte que el ateismo) y ano nuevo, y he llegado a la conclusion de que es debido a la espera. Durante mi juventud, la comida de navidad/ano nuevo era algo que se comia una vez al ano (tecnicamente, dos veces: una en navidad y otra en ano nuevo), y despues de eso, si se te volvia a antojar, digamos en Julio, pues que crees? Que te tenias que aguantar hasta Diciembre!! Obviamente para ese momento la expectacion era enorme y la cena te sabia a gloria. En cambio cuando se trata de cenar tamales, en realidad se siente raro, ya que te los puedes echar cada manana si asi lo deseas, con todo y champurrado; carne asada, que fue lo que comimos en navidad, la puedo comer cada vez que me de flojera preparar cualquier otra cosa, o sea una vez cada quince dias, y en el caso del pozole, mis suegros lo preparan cada vez que hace frio, cada vez que va a haber alguna visita, cada vez que se les antoja y por supuesto, cada vez que llevan mucho tiempo sin prepararlo. Pero bueno, como bien dicen: gratis, hasta las punaladas.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Aritmetica elemental

Me parece que en muchos aspectos, este ha sido el ano (te ruego, amable lector, me perdones; sucede que en los US of A no hay caracteres en espanol. Tendremos que aprender a vivir con eso del mismo modo en que hemos tenido que acostumbrarnos a vivir sin cosas mas importantes) menos productivo de entre mis anos, que ya casi suman 32. En nombre del sueno americano, que a final de cuentas se ha reducido a un carro nuevo, una laptop con windoze 7 (TM), vivir en un hotel y un celular de los llamados "smartphones", he debido renunciar a cosas que hasta antes de este ano, eran la propia esencia de mi vida. Del mismo modo, he tenido que aceptar cosas que habrian sido inaceptables. En este momento pienso que deberia hacer un analisis muy serio de esta situacion. Me detiene el no saber si dicho analisis tendria o no consecuencias. Para ser franco, me detiene el temor a que no las tenga. El sueno americano no es un sueno despues de todo, es apenas un letargo del que es dificil despertar. En general, es la misma vida que llevabas antes, solo que en ingles, solo que sin familia y sin amigos, y no es que no haya conocido algunas personas bastante agradables, sino que siguen sin darme las cuentas: Algo mas de dinero al mes mas algunas nuevas amistades mas carro mas laptop mas iPhone menos mis hijos menos mi familia menos mis amigos menos una casa que pueda llamar "mia" menos toda mi vida igual a no se ni que cosa.

viernes, 26 de agosto de 2011

Missing

La verdad sea dicha, extrano a mi familia, a mi esposa y a mis hijos. Mas de lo que pudiese haber imaginado. A veces uno piensa que es dificil tener la vida de alguien mas sobre los hombros, a veces parece un peso dificl de cargar, pero cuando alguien o algo levanta ese peso de tus hombros es cuando te das cuenta de que no era una carga, de que era un balance, lo que te ayudaba a caminar sin caer al suelo.

martes, 19 de abril de 2011

Siete caídas

El asunto con esto de la poesía, de la buena poesía, es esa maña que tiene para hacernos vivirla de una manera distinta cada vez que la leemos. Una frase cualquiera que pasa desapercibida hoy puede convertirse dentro de diez años en la médula del poema. Una frase bien dicha puede pegar más fuerte que un millón de puños, o conmover, o consolar. Hoy, por enésima vez, volví a leer Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, y la encontré particularmente conmovedora. Quise compartirla con mi mujer, y ella a su vez con su mamá. Viví una pequeña catarsis, que probablemente es lo que venía necesitando desde hace un buen tiempo. Esta noche la situación parace más llevadera. Escribo mientras mis niños dibujan en una hoja de papel bond, de esas que se usan para imprimir, y se les ve muy felices, dibujando bebés pelones y monstruos salidos del imaginario de mi madre, mezclado con algunas creaciones mías y de mi mujer.

Creo que dejaré la antología guardada por algunos años más, esperando que se empolve un poco, que se me acumulen algunas vivencias, y entonces veremos qué hay de nuevo.

lunes, 4 de abril de 2011

Some steam

¿Será hora de ventilar? Al momento sigo sin vivir el sueño americano, aunque ya siento que me acerco: tengo un par de llamadas mañana, una de las cuales podría ser crucial si todo sale bien. Por lo pronto estoy sentado en el Starbucks, aunque había dicho que no me gusta pagar 4 dólares por un vaso de café si me puedo comprar un botecito de nescafé y tomar un montón de vasos, bueno, de tazas, bueno, si me gustara el café, pero al menos tienen smoothies ricos y sobre todo, internet inalámbrico. Estudio, leo y veo a la multitud cosmopolita que se arrima a echar el café, saca su lap, escribe su primera novela o clava las narices en los celulares 4G(T). Por lo pronto, distraigo un poco el coco escribiendo yo mismo en mi olvidado rincón de pensamientos casi nunca expresados, sobre todo oralmente, y sufro porque la maldita equis parece que ya está chafeando. Al parecer es hora de regresar a casa, pero como me tomé un smoothie, necesito esperar a que baje antes de irme, no vaya a ser que se le ocurra bajar cuando esté a bordo de la ruta 81 y entonces tenga que apretar para sobrevivir, pero creo que de eso ya he hablado anteriormente.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Hermes trigésimegisto

Acabo de caer en la cuenta de que en tres días cumplo treintaiún años. Ta winón.

viernes, 18 de marzo de 2011

Lucky... Thank you Leviticus!

Sin más ni más. Maravilloso video:



No la hagas de Toks en el Wings

Tengo dolor de cabeza. No es un gran dolor, sino uno de esos dolores que más bien fastidian. También tengo la boca dulce. No es una dulzura agradable, de esas que te quedan después de haber comido un helado o una golosina. Es una dulzura rancia, vieja y desagradable, producto seguramente del hecho de que desde hace casi dos semanas apenas he tomado medio litro de agua natural. Aquí es pura coca. Y no porque esta ciudad o este país te orillen a eso, sino porque no me ha dado por tomar otra cosa. Coca en el desayuno, coca en la comida, coca en la cena. Sé que no es lo más saludable, pero creo que estoy en una etapa de sutil autoflagelación, azucarándome los riñones hasta que un día digan "no más". A lo mejor es la incertidumbre en la tierra de las oportunidades, el estar y no estar. Tener ante mí miles de posibles caminos y tomar el mismo de siempre. ¿Por dónde llego al downtown?

jueves, 17 de marzo de 2011

Isaac et al

El día en que Isaac se hizo al mar fue el más cálido en muchos años. El horizonte lejano y azul parecía ondular debido al vapor del agua que subía lentamente al cielo despejado en medio del cual un sol brillante y amarillo brillaba pleno, sin rivales, sin ninguna nube que se atreviera a eclipsarlo si quiera por un momento. A pesar del insoportable calor y de la humedad que se metía en los pulmones en cada aliento, Isaac decidió partir. Sólo dijo que iba a buscar el origen de los suyos, aunque en su mirada podía adivinarse que ni él mismo sabía a dónde iba. Se montó en su pequeña embarcación sin más provisiones que una garrafa de agua y un anzuelo con algo de carnada con el que pensaba hacerse del alimento que comería sin cocinar. Todos pensamos que era una locura, pero cuando a Isaac se le mete una idea en la cabeza es imposible sacársela. Nos limitamos a desearle suerte, secretamente deseando que a lo sumo en un par de días el hambre, la sed y la soledad le hicieran volver a casa.

Los días pasaron y se hicieron semanas sin noticias suyas. Poco a poco empezamos a temer lo peor sin que nadie se animara a decir en voz alta el pensamiento que rondaba en nuestras cabezas. Sólo Atenea, su mujer, parecía convencida de que si aún no sabíamos de él era porque habría tenido éxito en su empresa y se encontraba todavía entre los suyos. Todos los días esperaba su regreso y a la hora de la comida le tenía siempre listo un plato de su comida favorita: pescado enlimonado con arroz rojo y ensalada de lechuga y cebollas bañado con un aderezo que ella misma preparaba. Sin embargo con el paso del tiempo aún la fiel Atenea empezaba a perder la calma. Se le veía deambular por la casa vacía con la mirada nublada, perdida, como si mirase dentro de ella misma. Incluso su pequeña casa, siempre tan pulcra era ahora la imagen misma de la decadencia. Todo excepto la cocina, en la cual pasaba la mayor parte de su tiempo cocinando, esperando el regreso de su esposo.

Preocupado, empecé a visitarla todas las tardes después de la faena, procurando brindarle algo de compañía para aliviar su pena y soledad cada vez más profundas. Sentía tanta pena por ella que sin darme cuenta, en lugar de tratar de convencerla de que Isaac no volvería más, comencé a ser cómplice de su locura, dejándome convencer por ella de que Isaac seguía en su viaje en tierras remotas en el extremo sur del mundo. "Verás que mañana mismo lo tendremos sentado en su hamaca tomando cerveza y pidiendo más ensalada mientras nos platica sus aventuras, algunas ciertas y casi todas inventadas", decía mientras miraba el mar azul, aguzando la vista para tratar de distinguir su pequeña barca sobre el horizonte.

Un día en que llegué a verla algo más temprano que lo habitual la encontré meditabunda en el patio trasero. ¿No has pensado -me dijo mirándome fijamente con sus ojos de un negro intenso- que Isaac no ha vuelto porque ha perdido el camino de regreso? Habría que ir a buscarlo... yo iría, pero si vuelve y no estoy para recibirlo podría pensar que algo me ha sucedido y eso le haría ponerse triste- Sin saber qué pensar, sólo atiné a contestarle que entonces yo mismo iría a buscarle. Hice un rápido conteo mental de los hombres que estarían dispuestos a acompañarme en mi expedición. Seguramente no contaría con René, el hermano mayor de Isaac, que era una persona muy práctica, convencida que un ser humano no podría sobrevivir más de unos pocos días con una ración tan exigua de agua y sin alimento. Consideraría todo el asunto como una misión suicida para buscar el cadáver de un hombre, que por muy su hermano que hubiera sido, en este momento ya estaría devorado y defecado por las alimañas marinas. Mi equipo debía conformarse entonces exclusivamente de hombres aventureros, soñadores y también un poco supersticiosos, aunque no tanto como para temer hacerse a la mar en busca de tierras remotas llenas de demonios y razas de sabiduría ancestral. Sólo lo suficiente para intentarlo.

Tres días después salimos al mar. Mi expedición constaba finalmente de Juan, "el loco", Tico y los hermanos Alberto y Bul, todos ellos amigos entrañables de Isaac, deseosos de volver a verle aunque fuera muerto. También todos ellos profundamente supersticiosos, al grado de que no fue demasiado difícil convencerlos, después de algunas rondas de tragos en la taberna local, de que con un poco de suerte llegaríamos a encontrar las lejanas tierras de los ancestros olvidados. Llevábamos provisiones suficientes para alrededor de tres meses, suficiente agua fresca, conservas, vino, nueces y semillas. Parecía que nos dirigíamos a una bacanal en vez de una misión de rescate, pero yo sabía que era importante mantener en alto el ánimo de la tripulación, por lo que permití estos excesos pueriles. Usamos el bote del loco con la promesa de que si hallábamos alguna riqueza en nuestra travesía, él podría conservar para sí la tercera parte de lo que lográramos cargar en la bodega de la nave. Al momento de partir, la siempre dulce Atenea nos despidió a orillas de la playa deseándonos buena suerte y agradeciéndonos por arriesgar la vida para traer de vuelta a Isaac.

A diferencia del día en que Isaac se hizo al mar, el día se volvió frío y tormentoso ni bien nos habíamos hecho al mar. Pronto una espesa y helada niebla cubrió el horizonte dificultando la visión de una manera tal que sólo logramos mantenernos a flote gracias a la enorme pericia del loco, asistido por el siempre servicial Tico. Tras casi diez horas de batalla, finalmente logramos vencer al furioso mar que amenazaba con hacernos trizas contra los acantilados al sur de la ciudad, antes siquiera de llegar al estuario del Kinimcasto. Pronto se hizo la calma nuevamente, aunque la niebla nunca llegó a disiparse, como si tratara de impedirnos el paso, como si no quisiera que descubriéramos el paradero de Isaac. Bulmaro, el más joven de todos, bajó a la bodega por algunas latas de cerveza y nueces saladas que repartió alegremente diciendo que la ocasión ameritaba una celebración. Echamos anclas y bebimos hasta bien entrada la madrugada, pensando en las canciones que los juglares del futuro habrían de escribir acerca del grupo de valientes que un día se hizo al mar para encontrar a su amigo perdido y traer felicidad a la bella muchacha que lo esperaba en casa.

Tras incontables jornadas de travesía por un océano inmenso y azul que parecía no tener fin, los días comenzaron a volverse monótonos, la otrora divertida y excitante misión de rescate de nuestro amigo extraviado comenzó a volverse una aburrida sucesión de horas de silenciosa contemplación del siempre calmo mar. Comencé a desear que alguna tormenta se desatara pronto, algo que nos hiciera volver a sentir la emoción de los primeros días, convencido cada vez más de que las tierras remotas de los ancestros eran sólo cuentos para entretener infantes y viejas supersticiosas. De cuando en cuando pensaba en Atenea que nos esperaba en casa. La imaginaba mirando hacia el horizonte con sus ojos azabache, el cabello negro y liso cayendo sobre su frente amplia. Mentiría si dijera que no deseaba dar vuelta y volver a casa, decirle que la empresa había sido vana, que Isaac se había perdido para siempre y no volveríamos a verle. Seguramente ella se derrumbaría a mis pies hecha un mar de lágrimas, tan grande era su amor por él, pero con el tiempo yo podría llegar a ocupar su lugar en el lecho de sábanas blancas de Atenea. Sin embargo no tardaba mucho en despertar de esa fantasía: el deber viene antes que la pasión, y nuestro deber era encontrar a Isaac, aún si teníamos que recorrer el mundo en busca de los ancestros.

Poco a poco los suministros empezaron menguar y fue aparente que si queríamos continuar con nuestra misión, era necesario hacer una parada en tierra para reabastecernos. Para distraerse durante la travesía, Tico, el loco y Bul se habían dado a la labor de capturar cuantos cangrejos emperadores de tenazas serradas les había sido posible, mientras que Alberto y Juan, que trabajaban en la empacadora de carnes en Altíos, se habían dedicado a salarlos y embolsarlos a manera de conservas usando una técnica que les daba un sabor y consistencia muy apreciados en la mayor parte de los pueblos costeros. Seguramente no tendríamos problemas para vender algunos o cambiarlos por algo de vino, pan, agua fresca y tal vez algunas mujeres de las tabernas locales. El loco puso dirección hacia tierra entonces, y todos pensamos que nos vendría bien un descanso después de tantos días de travesía.

Apenas habíamos desembarcado en el pequeño puerto de Buena Esperanza nos dirigimos al mercado principal, en donde vendimos en pocas horas nuestros cangrejos produciendo una ganancia tan considerable que empezamos a pensar seriamente en cambiar nuestra profesión al retornar a Altíos. Compramos todos los víveres que consideramos necesarios para continuar con nuestras travesía y regresamos al barco para almacenarlos en la bodega, tras lo cual repartimos en partes iguales el dinero restante y bajamos nuevamente al pueblo guiados por Juan que lo conocía perfectamente pues sus padres eran oriundos de la región. Bulmaro, cuyo cuerpo que apenas había abandonado la adolescencia estaba más lleno de hormonas que de neuronas le pidió que nos condujera al barrio alegre, "Un día más y les juro que me aventaba al mar", decía inquieto y con una amplia sonrisa sobre su ancho rostro de piel tostada.

Llegamos a una cantina miserable, atendida por meseras de escasa belleza y aún más escasas ropas, aunque de carnes firmes, que nos sirvieron algunas rondas de cervezas y aguantaron estoicamente las palmadas que Bul les pegaba en las nalgas con las risotadas cómplices de Tico, el loco y Alberto como música de fondo. Juan mientras tanto no había perdido el tiempo y ya se encontraba en una de las pequeñas habitaciones del piso de arriba en compañía de una mulatilla de piernas elásticas gastando su parte de las ganancias de la tarde en sudor, sal y piel. Yo trataba de unirme al jolgorio en compañía de ellos, sin embargo era notorio que la melancolía me invadía. Ni siquiera me importó cuando una joven de proporciones tan generosas que casi hacían olvidar las cicatrices que alguna mal atendida enfermedad de la infancia había dejado en todo su rostro intentó sentarse en mi regazo y besarme el cuello mientras me pedía invitarle un trago. Me limité a empujarla de un manotazo ante la mirada atónita de Bul. "Ya ni la chingas" dijo, "Mira que para despreciar carne de esta calidad es porque te ha de gustar más la carne de esta otra", continuó mientras se agarraba el miembro con la mano derecha, sacudiéndolo frente a mi cara y tomándome de la nuca con la mano izquierda, empujando mi rostro hacia su entrepierna, gesto que divirtió al loco de tal manera que escupió la cerveza por la nariz, empapando a Alberto. Bulmaro se inclinó y ayudó a la joven a incorporarse del suelo susurrándole al oído algo que la hizo sonreir. En seguida se pusieron en marcha hacia el piso superior. Por detrás de la espalda, Bulmaro le hizo señales a su hermano para que los acompañara, cosa que éste hizo sin demora mientras nos guiñaba el ojo en señal de complicidad.

La noche siguió su rumbo entre brindis e historias antiguas de borracheras, de peleas, de conquistas sexuales exageradas casi hasta la inverosimilitud, y claro, no podían faltar los relatos detalladísimos de los encuentros que acababan de tener lugar en el piso de arriba de la taberna. Finalmente tanto el loco como Tico habían terminado por pagar por algo de la compañía y caricias de una mujer, tan necesarias después de el viaje que ya se sentía tan largo y que sospechábamos apenas comenzaba. El único que no subió aquella noche fui yo. Pensé que lo haría. Pensé que algunos tragos bastarían para ponerme de humor y desahogar las penas, pero la verdad es que cada gota de alcohol servía sólo para que la imagen de Atenea se hiciera más y más nítida en mi memoria. Me sentía indeciso entre mi obligación y mis deseos, entre el honor y la lujuria. Deseaba con todas mis fuerzas estar con Atenea, hacerla feliz. Pensaba sólo en volver, aunque sabía que mi expedición no me permitiría hacerlo sin Isaac, antes vagaríamos para siempre en el mar.

Regresamos a la embarcación hasta bien entrado el día siguiente, aún bebiendo y con varias latas de cerveza, que guardamos en la nevera. Decidimos continuar la celebración a bordo por el resto del día y no continuar el viaje sino hasta el siguiente, después de haber descansado. Como siempre sucede, las palabras marcaron el rumbo de los acontecimientos que vendrían más adelante. El loco, al calor de las copas comenzó a reclamar el hecho de que las ganancias de la venta de los cangrejos -atrapados por él mismo en su propia nave- se hubieran repartido en partes iguales, trato al que anteriormente había accedido de muy buena gana. Esto no le vino bien a Alberto ni a Juan, ya que habían sido ellos quienes los habían salado y empacado y por lo tanto consideraban que el éxito de la venta se debía principalmente a ellos, que habían convertido la ordinaria carne del cangrejo en un manjar suculento. Pronto inició la discusión, a la que se unieron Bul, en defensa de su hermano, y finalmente Tico, siempre fiel al loco y dispuesto a defender sus puntos de vista, cualesquiera que estos fueran, en cualquier discusión. Yo no quise participar de sus idioteces de borrachos y me retiré a dormir sin que ellos siquiera notaran mi ausencia.

No tardé demasiado en caer profundamente dormido, soñando con los brazos de Atenea, con el aroma de su pelo y la calidez de su pecho, cuando en algún momento de la madrugada me despertó el aliento rancio del loco. "Ven", dijo jalándome con desesperación del brazo con tanta insistencia que casi me hizo caer de la cama, "Tico y Alberto se han matado a golpes, ayúdame a despertar a Juan y Bulmaro. Tenemos que hacer algo". Sin poder creer lo que escuchaba, lo seguí hasta la cubierta, en donde vi a Alberto tirado en el suelo con el rostro descompuesto, hinchado por los golpes. Los ojos estaban totalmente cerrados, parecían sólo un par de ranuras amoratadas, ensangrentadas. En la mano sostenía su ancho cuchillo cuya lustrosa hoja estaba cubierta de sangre coagulada. Frente a él, a un par de metros, se hallaba el cuerpo sin vida de Tico. Tenía la garganta cercenada por un tajo aterrador que había tratado de tapar con sus manos, las cuales aún conservaba alrededor del cuello. A poca distancia, Juan y Bulmaro estaban tirados en el suelo tan alcoholizados que no me costó trabajo creer que no hubiesen notado nada. Pese a nuestros esfuerzos, no logramos despertarlos sino hasta cerca del amanecer.

A pesar de que era más que notorio que la explicación del loco no había satisfecho a nadie, tampoco podíamos hacer nada sino tomar su palabra. Carcomidos por la tristeza, envolvimos los cuerpos y los arrojamos por la borda. Bulmaro dijo algunas palabras en memoria de su hermano mientras que el loco despidió a Tico diciendo "Adiós amigo, espérame allá donde vayas, guárdame un lugar". Nos sentamos juntos en la cubierta e hicimos un brindis por nuestros compañeros caídos. Sin embargo la tensión que crecía entre Bul, Juan y el loco empezaba a hacerse palpable. Pronto ambos bandos empezaron a insinuar que era tiempo de que tomara una afiliación. El más preocupado era el loco, pues temía que si Juan y Bul me convencían de que algo extraño había pasado la noche en que murieron Tico y Alberto, me pondría en su contra, dejándolo en una grave desventaja en su propio barco, situación que quería evitar a toda costa. Yo trataba de permanecer neutral, recordándoles que nuestra misión era encontrar a Isaac y a los ancestros, y que si fallábamos en ésta, las muertes de Tico y Alberto habrían sido vanas. Les pinté con palabras una vívida imagen de la abnegada Atenea que esperaba en casa nuestro regreso y cuánto sufriría si nos perdiera también a nosotros. Esto los hizo calmarse durante algún tiempo, en el que continuamos con nuestra travesía que ya parecía infinita.

Cansados, desanimados y tristes como estábamos, decidimos no volver a pisar tierra sino hasta haber llegado a nuestro destino. El tiempo siguió su curso hasta que la tragedia volvió a golpearnos. Sucedió un día en que el mar calmo se puso en nuestra contra nuevamente. Era una tormenta espectacular, tal vez incluso más aún que la que nos había atacado el día en el que nos hicimos al mar. Bulmaro y Juan tuvieron que dejar de lado sus sospechas hacia el loco y cooperar con él hasta en la más mínima de sus indicaciones. Sabían que les iba la vida en ello. El loco por su parte maniobró con gran destreza manteniéndonos a flote casi de milagro durante horas. Sin embargo, cuando pensábamos que habíamos librado la peor parte, una enorme ola golpeó el costado del bote haciéndonos tambalear peligrosamente hasta casi voltearnos. Más por instinto y reflejo que por la voluntad de supervivencia, cada uno de nosotros se agarró de lo que pudo. Todos excepto Juan, que justo en ese momento se encontraba en pleno centro de la cubierta tratando de tomar un amarre que había quedado suelto y se agitaba peligrosamente cerca de Bul. Salió volando por los aires con un grito desgarrador. En su trayectoria hacia el mar embravecido pasó lo suficientemente cerca de mí como para que intentara tomarlo del brazo, pero a pesar de mi esfuerzo se resbaló entre mis manos como una barra de jabón. No creo que nunca llegue a olvidar su cara en el momento en que fue consciente de que todo estaba perdido. Detrás del terror inconmensurable había en su mirada una tristeza infinita. La tristeza de la certidumbre, de lo inevitable.

Esta última tragedia fue lo que terminó por hundir a Bul, cuyo joven corazón había tenido ya suficiente. De la valerosa expedición que había salido de Altíos ya sólo quedaba la mitad. Uno de los caídos había sido su propio hermano. Bulmaro pasaba los días sentado sobre la cubierta viendo el horizonte, hipnotizado por los reflejos dorados del sol sobre el mar. No comía y apenas bebía lo suficiente para mantenerse con vida. Pronto sus labios se agrietaron y se volvieron cenizos. Sus mejillas que antes eran rozagantes comenzaron a adelgazar y los ojos se le hundieron, dando a su rostro el aspecto general de un caballo muerto de hambre. Al ver su estado lamentable, rogué al loco regresar a casa, argumentando que ya habíamos perdido a tres hombres tratando de encontrar a uno, y si no nos dábamos prisa en volver pronto Bulmaro sería el cuarto. Sin embargo la prolongada travesía también había empezado a pasar factura en el espíritu del loco, que se negó a escucharme, diciendo sólo que ya todos habíamos perdido demasiado: Bulmaro a su hermano mayor y a su mejor amigo, él mismo había perdido a Tico, su hombre de confianza. "Y tú, ¿Qué has perdido?" me preguntó clavando en mi una mirada glacial. "Tú nos trajiste a todos y ahora te quieres ir como si nada. Yo no me voy con las manos vacías. O nos hacemos ricos o nos morimos en el océano". No contesté. Fui a sentarme junto a Bul en la cubierta, a observar el mar.

Al loco lo maté yo. Dudé sólo una fracción de segundo, preocupado por la idea de que sin él no sabría cómo regresar a casa, pero fueron finalmente la ira y la desesperación las que me hicieron actuar. El día anterior, sentado junto a Bul en la cubierta de la nave habíamos decidido que el loco debía morir pues había perdido la cabeza y nos iba a llevar a una muerte segura. Platicamos largamente sobre cómo íbamos a matarlo y mientras lo hacíamos me percaté de que Bulmaro nunca había dejado de desconfiar de él, nunca había creído la historia que nos contó acerca de las muertes de Alberto y Tico. "No sé lo que pasó, pero estoy seguro que a mi hermano lo mataron esos cabrones. Pero se llevó a uno entre las patas. Y yo me voy a llevar al otro", me dijo con sus ojos llenos de lágrimas que por vergüenza no dejaba salir. Decidimos que aprovecharíamos las únicas debilidades del loco: su paranoia y desconfianza de todo el mundo y su amor por el alcohol. Yo me acercaría a él con las últimas cervezas que aún nos quedaban y le hablaría acerca de Bulmaro, de cómo pensaba que estaba perdiendo la cabeza. Una vez embriagado, le arrojaríamos al mar. Entonces Bul nos llevaría de regreso a casa, ya que de los dos, era el único que tenía experiencia navegando. Como es común, las cosas no salieron como habíamos planeado. Esa vez, yo fui el culpable de ello. Fue la soledad, fue la melancolía, fue la incapacidad de sacar a Atenea de mi cabeza. El plan era embriagar al loco y fui yo el que terminó por embriagarse. Para cuando Bul llegó dispuesto a poner en marcha nuestro plan, yo estaba tan alcoholizado que apenas podía tenerme en pie mientras que el loco se encontraba apenas algo jovial. Saludó alegremente a Bulmaro invitándolo a sentarse con nosotors. Lleno de rabia, Bulmaro lo ingnoró y se fue directo hacia mí, que me hallaba tendido de espaldas en el suelo. Me llenó de insultos mientras me pateaba el abdomen. El loco salió en seguida en mi defensa. Se hizo a golpes con Bulmaro, dominándolo con facilidad a pesar de hallarse algo ebrio. En ese momento me percaté que el loco no había superado el rencor que sintió cuando Bulmaro y Juan lo culparon por las muertes de Alberto y Tico pues a pesar de haberlo dominado en poco tiempo, siguió golpeándolo en el cuerpo y en el rostro hasta casi perder el aliento. El loco se había ganado su apodo debido a ese estilo extremadamente agresivo que tenía para ir al ataque, el cual le costó su incipiente carrera como boxeador ya que ningún agente quiso jugársela con él, que salía al ring como un demonio pero pronto se quedaba sin aliento. Para el loco era cuestión de matar rápido o morir. En esa ocasión, había hecho lo primero. No sabía que también habría de hacer lo segundo.

Irónicamente, la siguiente mañana, el cuerpo que arrojamos al mar fue el de Bulmaro. El loco tomó el torso, yo tomé los pies, lo balanceamos un par de veces para tomar impulso y en un instante se hallaba volando por los aires para ir a caer al mar. Nos quedamos parados lado a lado un momento. Entonces el loco me palmeó la espalda mientras me decía "Hay que empezar a pensar en qué vamos a decir cuando regresemos. Tenemos tiempo". Fue en ese momento cuando finalmente me decidí. Coloqué mis dos manos sobre su espalda y le di un fuerte empujón que lo mandó hasta el mar. Aún consciente, el loco trató de asirse del cuerpo de Bul, que flotaba a su lado. Entonces me miró a los ojos, sin poder entender qué había pasado. Me pidió ayuda, incluso me dio instrucciones para ayudarlo. Me dijo que a pesar de que no teníamos botes salvavidas a bordo, tal vez podría encontrar una cuerda que lanzarle. Entonces se dio cuenta de que no iba a ayudarle y me lanzó toda clase de improperios que yo escuchaba con el rostro impávido, aunque por dentró sentía cómo la adrenalina recorría todo mi cuerpo mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y mi frente de sudor. Poco a poco el loco dejó de gritar y de agitarse, presa del cansancio, hasta que de repente paró del todo. Había muerto finalmente, tal vez más de miedo y de cansancio que a causa del agua que había tragado y que ya comenzaba a hundir su cuerpo en el océano, de donde nadie jamás lo sacaría.

Emprendí entonces el camino de regreso. A pesar de que al principio no sabía ni qué dirección tomar ni cómo hacerlo, pronto fue evidente que había alguna presencia junto a mí, algo que se apoderaba de mis manos y mi mente y me guiaba sin ninguna dificultad a mi destino. Me dejé llevar por esta presencia misteriosa casi sin pensar en nada. La travesía de regreso fue mucho más corta de lo que yo había esperado y en pocos días empecé a ver a lo lejos en el horizonte la conocida y añorada ciudad de Altíos. Siguiendo el último consejo del loco, comencé a pensar en la historia que les iba a contar a las personas una vez que hubiera llegado. Me invadió también la desesperación al pensar que tal vez durante nuestra travesía, Isaac hubiese vuelto. El estómago se me revolvía al imaginarlo durmiendo al lado de Atenea, sintiendo su cálida respiración en el rostro, el olor de su cabello, lo suave de su piel.

Finalmente, después de no sé cuánto tiempo en el mar, llegué de nuevo a Altíos. Mientras me acercaba a la costa, la bruma comenzaba a disiparse dejando ver la silueta de una mujer que esperaba parada junto a la playa, las olas mojándole los pies descalzos. Era Atenea. Al verme acercarme a ella no pudo contenerse más y nadó hacia donde yo venía llegando. Se me lanzó al cuello y comenzó a besarme en el rostro, en los labios, en las manos y en el pecho. Al principio no entendí lo que estaba sucediendo hasta que me dijo "Isaac, Isaac, te extrañé tanto, tanto...". Me llevó a casa y me ofreció un plato de mi comida favorita: pescado enlimonado con arroz rojo y ensalada de lechuga y cebollas bañado con el aderezo que ella preparaba. Ahora sólo falta René, mi hermano mayor, y entonces podremos volver a ser felices.

sábado, 12 de marzo de 2011

United States of Zombieland

Ya llegamos a los EU. El viaje estuvo menos pesado de lo que esperaba, gracias en parte a las amigas de María que nos echaron la mano para documentar las maletas. Gracias en especial a Ita De Ita, o Itandehui Chabacano. Ni siquiera la entrada estuvo difícil, incluso a pesar de las larguísimas filas que había. El oficial de inmigración muy amable, la gente encantada con los niños a pesar de que no hablan inglés. Lo complicado fue la salida del aeropuerto. Se puso tan complicado que creo que duramos como dos horas nada más en salir, debido principalmente a la pésima organización de LAX. Finalmente salimos. El problema es que con el ajetreo, se me olvidó la laptop en el avión, y yo bien preocupado pues me repatea el hígado la idea de no poder ponerle acentos a las palabras, a mí que me fascina eso de la acentuación, la pronunciación, la ortografía, la clásica pésima escritura de los entes que deambulan por el ciberespacio y sobre todo, que soy un amante de las esdrújulas. Finalmente la logré recuperar, la chava del aeropuerto muy amable, haciéndome bromas y sonriéndome con sus dientes blanquísimos. Finalmente regresamos a la casa contentos y felices, listos para iniciar nuestra aventura indocumentada.

sábado, 26 de febrero de 2011

Pariendo chayotes

Curiosa la vida, siempre hay algo en medio. Varias cosas me están molestando en este momento. En teoría todo debería andar muy bien: estoy a poco más de una semana de iniciar una nueva vida en los united states of zombieland, así, en minúsculas porque todavía no se han ganado las mayúsculas, démosles un poco de chance; pero como de costumbre hay algo más, problemas familiares en esta ocasión. Tengo que viajar a Coatza de pisa y corre, y espero llevarme a mi Juno. Me encanta la idea de llevarlo, estar con él ocho horas de corrido, escuchándolo, viéndolo dormir sobre mi regazo y besándolo mientras duerme. Ojalá y las circunstancias fueran un poco más favorables.

En pocos días dejo México y ya no creo que llegue siquiera a despedirme. Igual y algún día regreso, nada más para ver la ciudad desde lo alto de la torre mayor, o para conocer Teotihuacan, increíble que en casi dieciséis años de beber, vivir y sentir como chilango nunca haya encontrado el tiempo para conocer las pirámides del sol y la luna, cantar unas rancheritas en Xochimilco o montar a caballo en la marquesa. Todas esas cosas que como están "ahí" te da flojera ir a verlas, pero cuando resulta que ya no van a estar "ahí", te dan ganas de ver. Curiosa la vida.

Por lo pronto espero aquí sentado, muriéndome de calor aunque tenga el ventilador frente a mi cara, inflamándome los cornetes que sé que en plena madrugada me van a despertar, echándome viento cálido como salido de un intestino perezoso.

domingo, 13 de febrero de 2011

Juárez Part II

Me tuve que ir corriendo a Ciudad Juárez porque resulta que a los de DHL se les olvidó que me la tenían que mandar a mi casa. Estaba muy campante esperando y en eso se me ocurrió hablarles. Por poco y se me caen los calzones cuando me dijeron que no sabían nada de nada. Consulté con la guía y mi visa estaba en Juárez. Hablé de nuevo y me dijeron que tenía dos días para recogerla o si no la mandaban de regreso no sé a dónde. Salí de la oficina de emergencia (o sea media hora antes de la salida) y me fui a casa a recoger una camisa, mi cepillo y una cobija, porque estaban bajo cero en Juárez, de ahí al aeropuerto y dos horas y media más tarde estaba en la frontera. Hacía un frío de los mil millones de demonios. Originalmente tenía planeado no gastar más de lo necesario, así que me iba a quedar en el aeropuerto hasta que abrieran el DHL, pero no me pude aguantar el frío y me fui a un hotel que habíamos visto en la visita anterior y que además está justo frente al consulado. Estaba baratón, en comparación con los demás, así que decidí pasar la noche ahí. Por la mañana me fui a desayunar al Denny's porque me había quedado con el antojo desde la vez pasada, a pesar de que ya había comido ahí. El desayuno: Dos huevos revueltos con salchichas "breakfast", papa hash brown, jamón y tocino dorado acompañados con un par de hot-cakes (panqueques o pancakes de ahora en adelante) muy ricos, y por supuesto, lo que nunca puede faltar, especialmente cuando amaneces a seis grados bajo cero: la coca-cola bien helodia. Después de hablar con mi esposa y de avisarle a mi mamá que andaba en Juárez me fui al dhl a recoger mi paquete. Todo resultó bien y al cabo de media hora ya me estaban dando la visa de residente de los iunaited steits. Me dijeron que tenía que ir al Paso para que me la sellaran y que con eso concluía el trámite. Le pedí al taxista que me llevara al puente Zaragoza, cosa que hizo de muy buena gana, por módicos 700 pesitos. Estuvo bueno porque me llevó a todos lados. Primero a buscar un estudio fotográfico para sacarme un par de fotos que tenía que entregar en las oficinas del cruce (otros 100, me lleva) y luego me acompañó a cruzar el puente a pie. En el puente hacía un frío que nunca antes había sentido en la vida. Se me estaban congelando los cachetes, las orejas, la nariz y los dedos gordos de los pies. Por suerte después de eso el trámite estuvo muy corto, creo que no esperé ni media hora cuando ya tenía mi visa sellada. El oficial consular me felicitó y me dijo que a partir de ese momento podía pasar a EU a estudiar, trabajar o hacer prácticamente lo que se me viniera en gana. Por último me llevó de regreso al aeropuerto, para esto, eran como las 11 de la mañana y mi avión salía hasta las 6. Agarré forma en uno de los asientos de la sala de espera como hasta las 3, que vi a una de las vendedoras con una bolsita como de tamales. Le pregunté dónde los había comprado y me dio las instrucciones para llegar al comedor de empleados del aeropuerto. A pesar de que afuera el frío seguía de los mil demonios, el hambre ganó y me fui al comedor. Otra vez se me iban a congelar los cachetes y los dedos gordos de los pies pero al menos estuvo buena la comida. A partir de ahí el tiempo se fue más rápido y de repente ya estábamos sobrevolando el detritus defecal. Llegué a la ciudad exactamente 24 horas después de haber salido, con visa sellada en mano y listo para comenzar un nuevo capítulo en mi vida.

sábado, 5 de febrero de 2011

Al fin

Finalmente me aprobaron la visa. Finalmente. Vaya que se dieron a desear. Ahora todo se siente irreal, a poco tiempo de emprender un nuevo viaje. Apenas ayer platicaba con unos compañeros del trabajo acerca de la peculiar situación de mi vida. Nací en Veracruz, me fui a Guanauato y después al D.F., me conseguí una mujer de Jalisco, mi hijo nació en California y mi hija en Michoacán. En la mira están Massachusetts y sobre todo Maine. Por lo pronto nos tendremos que conformar con la sobrevalorada California.

Me da algo de nervios eso de volver a buscar trabajo, ir a entrevistas, poner sonrisa de Koolaid-man, tratar de caerle simpático al que seguramente será tu jefe directo y todo eso. Si no resulta me voy a audicionar al Roxy, en una de esas es chicle y pega.

martes, 1 de febrero de 2011

Cool gadgets

Un compañero recién se compró su Blackberry. No tengo nada en contra de este aparatejo, incluso estoy dispuesto a ceder un poco y aceptar que el iPhone está bonito (aunque hay muchas cosas acerca de este último que no me gustan). Lo que es cierto es que uno de los ganchos que las compañías usan para vendernos sus productos de última moda es su apariencia externa. Tienen unos diseños con colores metálicos lustrosos o a veces de un negro intenso, no falta el rosita para las fresitas y quién sabe cuántas cosas más, siempre agradables a la vista. Irónicamente, esa apariencia externa tan mona es generalmente ocultada por unas fundas de hule o plástico nada llamativas, lo cual me hace pensar en para qué demonios nos dejamos convencer por un hermoso diseño (que además no nos sale de a gratis) si al final de cuentas va a ir a parar debajo de una horrible funda, para que no se maltrate. No sé ni con qué comparar este peculiar fenómeno. Se me ocurre pensar en un árabe que se case con un viejorrón y después la obigue a usar una burka, pero termina por ser un mal ejemplo: nuestro amigo del medio oriente se puede dar el lujo de encuerar a su viejorrón todas las noches y disfrutarla él solito, cosa que no creo que los orgullosos poseedores del iPhone, iPod, iPad, Blackberry, Nokias, Motorolas, etc., hagan. Igual y me eqivoco y haya por ahí algún individuo razonable que por la noche al llegar a su casa le quite la funda al celular y se ponga a mirarlo con ojos de borrego a medio morir durante un ratito. Al fin y al cabo, por eso pagó.

Twenty eleven flu season

Maldita gripa. Y lo peor es que ni siquiera hace frío. No hay nada peor que estar mal de la garganta con clima cálido. Se te antoja una coca bien helodia, se te antoja una graciela bien muerta, un helado aunque sea de beso de ángel o pétalo de rosa, pero no puedes, no puedes... a lo mejor por eso se te antoja. Y lo peor es eso de intentar rascarse el paladar con la lengua, esa carita cracterística de "no me hables, que me estoy rascando el paladar con la lengua". Hay quien dice que lo mejor es echarse un tequilita pero luego me pongo a pensar: maldito virus, si no lo aguanto en su sano juicio, imagínate borracho. Entonces lo único que nos queda es aplicar aquella máxima que reza "Ajo y agua", en castizo, a joderse y aguantarse.