Un compañero recién se compró su Blackberry. No tengo nada en contra de este aparatejo, incluso estoy dispuesto a ceder un poco y aceptar que el iPhone está bonito (aunque hay muchas cosas acerca de este último que no me gustan). Lo que es cierto es que uno de los ganchos que las compañías usan para vendernos sus productos de última moda es su apariencia externa. Tienen unos diseños con colores metálicos lustrosos o a veces de un negro intenso, no falta el rosita para las fresitas y quién sabe cuántas cosas más, siempre agradables a la vista. Irónicamente, esa apariencia externa tan mona es generalmente ocultada por unas fundas de hule o plástico nada llamativas, lo cual me hace pensar en para qué demonios nos dejamos convencer por un hermoso diseño (que además no nos sale de a gratis) si al final de cuentas va a ir a parar debajo de una horrible funda, para que no se maltrate. No sé ni con qué comparar este peculiar fenómeno. Se me ocurre pensar en un árabe que se case con un viejorrón y después la obigue a usar una burka, pero termina por ser un mal ejemplo: nuestro amigo del medio oriente se puede dar el lujo de encuerar a su viejorrón todas las noches y disfrutarla él solito, cosa que no creo que los orgullosos poseedores del iPhone, iPod, iPad, Blackberry, Nokias, Motorolas, etc., hagan. Igual y me eqivoco y haya por ahí algún individuo razonable que por la noche al llegar a su casa le quite la funda al celular y se ponga a mirarlo con ojos de borrego a medio morir durante un ratito. Al fin y al cabo, por eso pagó.
Italia
Hace 15 años

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