martes, 19 de abril de 2011

Siete caídas

El asunto con esto de la poesía, de la buena poesía, es esa maña que tiene para hacernos vivirla de una manera distinta cada vez que la leemos. Una frase cualquiera que pasa desapercibida hoy puede convertirse dentro de diez años en la médula del poema. Una frase bien dicha puede pegar más fuerte que un millón de puños, o conmover, o consolar. Hoy, por enésima vez, volví a leer Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, y la encontré particularmente conmovedora. Quise compartirla con mi mujer, y ella a su vez con su mamá. Viví una pequeña catarsis, que probablemente es lo que venía necesitando desde hace un buen tiempo. Esta noche la situación parace más llevadera. Escribo mientras mis niños dibujan en una hoja de papel bond, de esas que se usan para imprimir, y se les ve muy felices, dibujando bebés pelones y monstruos salidos del imaginario de mi madre, mezclado con algunas creaciones mías y de mi mujer.

Creo que dejaré la antología guardada por algunos años más, esperando que se empolve un poco, que se me acumulen algunas vivencias, y entonces veremos qué hay de nuevo.

lunes, 4 de abril de 2011

Some steam

¿Será hora de ventilar? Al momento sigo sin vivir el sueño americano, aunque ya siento que me acerco: tengo un par de llamadas mañana, una de las cuales podría ser crucial si todo sale bien. Por lo pronto estoy sentado en el Starbucks, aunque había dicho que no me gusta pagar 4 dólares por un vaso de café si me puedo comprar un botecito de nescafé y tomar un montón de vasos, bueno, de tazas, bueno, si me gustara el café, pero al menos tienen smoothies ricos y sobre todo, internet inalámbrico. Estudio, leo y veo a la multitud cosmopolita que se arrima a echar el café, saca su lap, escribe su primera novela o clava las narices en los celulares 4G(T). Por lo pronto, distraigo un poco el coco escribiendo yo mismo en mi olvidado rincón de pensamientos casi nunca expresados, sobre todo oralmente, y sufro porque la maldita equis parece que ya está chafeando. Al parecer es hora de regresar a casa, pero como me tomé un smoothie, necesito esperar a que baje antes de irme, no vaya a ser que se le ocurra bajar cuando esté a bordo de la ruta 81 y entonces tenga que apretar para sobrevivir, pero creo que de eso ya he hablado anteriormente.