Curiosa la vida, siempre hay algo en medio. Varias cosas me están molestando en este momento. En teoría todo debería andar muy bien: estoy a poco más de una semana de iniciar una nueva vida en los united states of zombieland, así, en minúsculas porque todavía no se han ganado las mayúsculas, démosles un poco de chance; pero como de costumbre hay algo más, problemas familiares en esta ocasión. Tengo que viajar a Coatza de pisa y corre, y espero llevarme a mi Juno. Me encanta la idea de llevarlo, estar con él ocho horas de corrido, escuchándolo, viéndolo dormir sobre mi regazo y besándolo mientras duerme. Ojalá y las circunstancias fueran un poco más favorables.
En pocos días dejo México y ya no creo que llegue siquiera a despedirme. Igual y algún día regreso, nada más para ver la ciudad desde lo alto de la torre mayor, o para conocer Teotihuacan, increíble que en casi dieciséis años de beber, vivir y sentir como chilango nunca haya encontrado el tiempo para conocer las pirámides del sol y la luna, cantar unas rancheritas en Xochimilco o montar a caballo en la marquesa. Todas esas cosas que como están "ahí" te da flojera ir a verlas, pero cuando resulta que ya no van a estar "ahí", te dan ganas de ver. Curiosa la vida.
Por lo pronto espero aquí sentado, muriéndome de calor aunque tenga el ventilador frente a mi cara, inflamándome los cornetes que sé que en plena madrugada me van a despertar, echándome viento cálido como salido de un intestino perezoso.
